La central nuclear de Zaporizhzhya, al suroeste del país, sufrió un cortocircuito en el regulador de salida de potencia. Esta incidencia obligó a parar un grupo de los seis que la forman, aunque a las pocas horas se la pudo volver a poner en línea. Después del accidente de Chernobyl, que también ocurrió en #Ucrania durante la pertenencia a la URSS, se puso como protocolo que cualquier incidente en una central nuclear del mundo, por leve que sea, se ha de informar a la IAEA (Agencia Mundial de la Energía Atómica). Esta imposición, y la publicación posterior del incidente por parte de IAEA, hace que hoy descubramos que las centrales nucleares no son esas valsas de aceite que siempre nos han vendido.

Aunque teniendo en cuenta el número de centrales en funcionamiento en todo el mundo, el número de incidentes no es muy abultado, demostrando el alto nivel de seguridad de estas instalaciones. O sencillamente es suerte. Las antiguas repúblicas socialistas arrastran aun el legado de las centrales nucleares del antiguo Pacto de Varsovia. La crisis ha vuelto a poner estos países con problemas económicos y el mantenimiento de estas instalaciones se empieza a resentir.

La alocada carrera atómica que se llevó sobre todo en el tramo final de la Guerra Fría, implicaba una producción masiva de Plutonio para las cabezas de los misiles. Aun así, llenaron todo el bloque del este de centrales nucleares hechas en serie. Hay mucha literatura sobre la reducción de costes para explicar por ejemplo el desastre de Chernobyl; aunque buena parte de estas supuestas deficiencias de diseño, eran más una visión conceptual diferente a la de occidente. Pero el tratamiento cotidiano de estas instalaciones tan peligrosas trajo la relajación, la dejadez y la corrupción. Y fue la culminación de esta degeneración lo que hizo explotar una central acabada de estrenar (Chernobyl); pero con falta de pruebas de seguridad por dejadez, personal con instrucción mínima y poca documentación por pereza.

Acabada la guerra fría, la fiebre nuclear cayó en picado, aunque no del todo, continuando la carrera armamentística en la trastienda; e incluso se construyen de nuevas. Pero en ese antiguo Este continúan explotando esas centrales soviéticas, algunas superando la fecha pensada para su cierre.

En estos momentos con el gas por las nubes y pendiente de embargo, el carbón, controlado por los rebeldes prorrusos y su economía en mínimos; Ucrania necesita como el aire que respira la electricidad nuclear. La cuestión es saber qué nivel de mantenimiento tienen las centrales ucranianas. El viernes fue una avería en un elemento externo que, en principio, no afectó en nada al reactor; pero en España Vandellòs I tubo un incendio en la subcentral que no tenía porqué afectar al reactor y acabó siendo uno de los incidentes más graves de occidente, debido al mal estado de este. La energía nuclear envejece y en muchos sitios no hay alternativa para sustituirla.