El arte de cocinar forma parte de nuestras vidas, estemos mucho o poco en nuestras cocinas. Nadie desmerece lo que aporta hacer, con nuestras propias manos, un pastel con masa madre un domingo por la tarde, o el efecto de una buena compañía en una cena improvisada.

Sólo hay que ver el éxito en las TV de los programas culinarios, o los suplementos de los principales periódicos, para entender que la gente atiende –mejor o peor– a lo que come y cómo lo come.

Otra cosa muy distinta, es encontrar a alguien que escriba cultamente –sin ofender la inteligencia ni de quien lee ni de quien #Cocina- sobre gastronomía.

En este sentido, hay autoras que están hechas para ser leídas por un público abierto y diverso, tanto por el tema de interés general como una manera de decir fácil y recurrente.

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En cambio, hay escritoras -y escritores- que por merodear el misterio de las cosas importantes, no son fáciles ni de leer ni de abordar. Pero que son profundamente atrayentes por un talento sugerente, inspirado y profundo, a pesar de dirigirse a un grupo especializado.  

MFK Fisher responde a este segundo grupo de mujeres escritoras. Podríamos considerarla autora firme por su arte del buen escribir a la hora de hablar de gastronomía.

No es baladí que lo que atrae de Fisher a sus suculentos lectores no son tanto las recetas escogidas sino una manera de vivir que imprime y que entusiasma a su minoría entusiasta de seguidores, después de leerSírvase de inmediato.

MFK Fisher (1902-1992) responde a lo que algunos consideran ‘la primera escritora gastronómica moderna’. A pesar de nacer en Estados Unidos, su paso por Europa  –sobre todo– Francia, incentivó su sensibilidad hacia una manera muy particular de expresar todo lo relacionado con la comida y el comportamiento humano.

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No es casual que acabara formando parte de la American Academy y del National Institute of Arts and Letters.

Recientemente, la editorial Debate publicó su corpus axial (cinco libros) por primera vez en castellano bajo el título El arte de comer. Sin desmerecer el color rosa y un tanto naïf de la portada que esconde –sin duda- la brillantez de la autora. Te sorprenderá tanto el virtuosismo que puede presentar una mesa de familia en época de guerra, leáse cómo cocinar un lobo, como el amor cálido y compartido que puede atraer un buen licor en compañía escogida.

Os dejo con ella:

«Y estoy sola, en vez de elegir a alguna de las personas que conozco, me elijo a mí misma. No me enorgullezco de la actitud misantrópica pero lo cierto es que allí está, basada en mi creciente convicción de que compartir la comida con otro ser humano es un acto íntimo que una no debe consentirse a la ligera.»

 

  #Educación