Tyler Cowen, un famoso profesor de economía en la Universidad George Mason, sostiene en su tesis que los negocios dedicados a la restauración hace años que dejaron de percibir beneficios de su carta de postres, debido a varios motivos de logística que los han relegado a una situación de mera formalidad o clasicismo.

No son pocos los restaurantes que llegan a optar por perder dinero para mantener su imagen de cara a la clientela. El profesor recomienda, tanto a restauradores como a los comensales, optar por cócteles, granizados o licores al final del almuerzo o cena.

Uno de los principales inconvenientes son el espacio, pues en días de máxima afluencia, un postre suele retrasar bastante a los comensales a la hora de solicitar la cuenta, algo que afecta todavía más a los pequeños establecimientos más céntricos.

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No olvides preguntar si estos son caseros, muchos estudios han constatado el alto coste de los ingredientes y la preparación de estas exquisiteces: la diferencia entre ingresos y costes es muy reducida para los últimos platos. Una buena opción son los postres minimalistas, cuyo precio puede fijarse en el mismo que representaría una cantidad superior (eso sí, requieren de una delicada preparación).

Algunos expertos señalan que los profesionales del sector deberían intentar asentar la costumbre de rematar la velada con una buena copa de vino, algo mucho más extendido en otras zonas del mundo y que la globalización puede lograr ahora que somos menos reacios a probar costumbres o gastronomía extranjera.

Una gran alternativa que parece estar teniendo más éxito en nuestro país son los gin-tonics, cuyo margen de beneficio es elevadísimo, pues la sociedad acepta como precio razonable aquel que oscile entre los cuatro y los ocho euros.

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Su gran variedad y el disfrute visual de los clientes al ver cómo los preparan delante de ellos es uno de los puntos más fuertes de esta moderna bebida de la que tanto se han beneficiado grandes empresas del sector de la tónica como Schweppes.