Después de los resultados de las elecciones norteamericanas que han sacado aún más a la luz las profundas divisiones en el país americano y que prevé una exclusión y separación del colectivo inmigrante que lleva tantos años formando parte del país, podemos decir que estos días son días de levantamiento de muros. Días de división.

No sólo por el #muro que el nuevo presidente de Estados Unidos quiere construir para evitar la entrada de más ciudadanos mexicanos que buscan comenzar una nueva vida en el país vecino o por el deseo de expulsar a los ciudadanos musulmanes, sino por las señales de rechazo a la población refugiada que se pueden ver en todo el mundo.

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Pero paradójicamente, el 9 de noviembre de 2016, se cumplía 27 años de la caída del muro de Berlín. Dos hechos antagónicos. La caída del muro de Berlín, que supuso el fin de la Guerra Fría y con ello, la libertad y una nueva era democrática para los ciudadanos europeos. Mientras que, hoy, Donald Trump busca recortar libertades y fomentar el racismo. Un retroceso que parece un tanto inverosímil.

Pero esto es sólo una señal más de la complicada y preocupante situación que vivimos actualmente con la sucesión de hechos atípicos. La llegada de refugiados a Europa durante los últimos meses ha sido motivo de preocupación para Europa, que hasta el momento no ha sabido dar una respuesta adecuada a la situación. #Alemania ha sido uno de los países que mejor ha respondido a la misma siendo el que más solicitudes de asilo ha aceptado, con casi 750.000 #Refugiados y solicitantes de asilo, según datos de ACNUR.

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Pero, sin embargo, la historia ha dado un giro inesperado. Atrás queda el recibimiento acogedor que los refugiados que llegaron a Múnich vivieron hace ya unos meses, ya que en un barrio del sureste de la ciudad, Neuperlach, se está construyendo un muro para separa a los vecinos de un futuro albergue para refugiados que tiene previsto acoger a 160 menores no acompañados. Según recogen algunos periódicos como El Periódico y 20minutos, son siete los vecinos de 55.000 que viven en el barrio residencial, que han denunciado la localización del futuro albergue y han presionado a la administración local para la construcción de este muro que funcionará como aislador acústico, ya que el principal argumento de los vecinos es que los futuros habitantes del albergue crearán mucho ruido. El muro alcanzará los 4 metros de altura, el más alto que se ha construido en Alemania, más alto incluso que el muro de Berlín, que supuso una señal incontestable de división del mundo.

La controversia que se ha creado ha sido importante entre los que se oponen a la medida, los que entienden a los vecinos y los que simplemente no aceptan a la población refugiada en el país y prefieren que no se les acoja.

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Esto supone un ataque a la integración de la población refugiada en Alemania y una señal de la política xenófoba que se está expandiendo por algunos países europeos de manera alarmante.

Así que parece que todos los intentos de integración que se han desarrollado en Europa a lo largo de los últimos años no han dado del todo sus frutos. El mundo entero se ha visto dominado por el miedo, y, desgraciadamente, el ser humano cuando está aterrado y enfadado pierde su humanidad.