El miedo es una camisa de fuerza que se apodera de la razón de las personas e imposibilita tomar las decisiones acertadas con frialdad. Nos dejamos llevar por los impulsos sin llegar a conocer las consecuencias que sucederán a posteriori

En la actualidad, un manto de miedo cubre el viejo continente arrebatando cualquier atisbo de racionalidad. Es en esta coyuntura donde personajes destacados  aprovechan para moverse como pez en el agua entre la inestabilidad institucional, política, económica y social que asolan gran parte del mundo que habitamos. Estas personas han sabido encontrar su hueco y generar el descontrol entre la población, llamándoles a formar filas en el filo del precipicio.

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David Cameron enarboló la bandera del referéndum para decidir si Gran Bretaña permanecería en la UE (bajo unas condiciones bastante exigentes), o, por consiguiente, tomarían el camino de la ruptura en un proyecto roído y que cada día genera más descontento entre los ciudadanos. El Primer Ministro británico utilizó la misma carta con la que salió victorioso en el problema de Escocia. Sin embargo, escogió el peor momento posible para mover ficha, cuando la UE se encuentra en horas bajas, sobrecogida y sin saber que dirección tomar con los miles de refugiados que se atrincheran en las puertas de su salvación, una crisis financiera mal gestionada que desencadenó una depresión profunda en todos los ámbitos en Grecia, donde la solidaridad del proyecto europeo brilló por su ausencia.

Los votantes británicos se han movilizado llevados por el descontento de un proyecto fracasado y por el miedo a la inmigración masiva.

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Una inmigración que llegó a contabilizar el año pasado un cantidad de 300.000 personas nuevos en el país. Según los partidarios del abandono de la UE, esta cantidad de inmigración resulta inviable e insoportable para los servicios básicos de la sociedad, se aprovechan de las ayudas sociales y se crea una competencia con los trabajadores autóctonos, provocando la bajada de los salarios que los foráneos aceptan y dejando en el paro a muchos británicos. 

Tras la fallida jugada de Cameron, él ha sido la primera víctima, renunciando a su cargo como Primer Ministro y dejando paso a un nuevo líder del Partido Conservador que conoceremos en el mes de Octubre. Sin embargo, este movimiento ha provocado un seísmo por doquier. Primero, Gran Bretaña tendrá que lidiar con una división casi perfecta (51,9% frente al 48,1%), donde los jóvenes menores de 25 años han optado en mayoría (75%) por la permanencia, y las personas mayores de 65 (60%) han votado por el Brexit. Además, la división se traslada a nivel de naciones, donde Escocia e Irlanda del Norte se han decantado mayoritariamente por la permanencia mientras que Inglaterra (a excepción a de Londres) y Gales han decidido en mayoría por la salida.

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Esta situación supone una nueva amenaza para la unidad británica.

Además, el efecto dominó se ha desencadenado a lo ancho y largo del continente. Todas las voces que lideran la extrema derecha se ha alegrado por el Brexit y han pedido referendos en sus países, como el Frente Nacional francés de Marine Le Pen o el Partido de la Libertad holandés de Geert Wilders.

Se inicia un camino lleno de incertidumbre que solo tiene dos alternativas: el reforzamiento de la unidad europea con un proyecto más fuerte y solidario, una #Unión Europea 2.0, o, por el contrario, el desmantelamiento de un esperanzador proyecto que nos trajo la paz y la estabilidad en todos los ámbitos.