Informes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y de la Comisión Europea reflejan la situación laboral de los jóvenes de hasta 35 años en España, una situación precaria de la que cada vez más empresas se aprovechan.

España es el segundo país de la Unión Europea con mayor número de becarios titulados, en torno al 70%, cifra que duplica la media de la Unión. Pero estos estudios también reflejan que los becarios en nuestro país son los peor pagados, tanto que con lo percibido no les llega para subsistir por lo que continúan pidiendo ayuda a sus padres.

No sólo eso, gracias a los convenios entre universidades y empresas, más del 60% ni siquiera cobra, y los que lo hacen perciben una cantidad inferior al salario mínimo interprofesional.

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Pero el problema no acaba ahí, ya que al terminar el periodo de prácticas, menos de un tercio reciben una ‘invitación’ de la empresa para continuar trabajando en la misma. ¿Por qué crear un puesto de #Trabajo con un contrato mejor remunerado, pudiendo contratar como becario a uno de los miles que están dispuestos a trabajar por un salario ínfimo?

Y es que éste fue el fin por el que se crearon los contratos de becario, una lanzadera para entrar en el mundo laboral. ¡Que se lo digan a los que han ido encadenando becas!

No solo las posibilidades de continuar en la empresa son mínimas, sino que las labores a desempeñar, y aunque la ley lo deje claro (en ningún caso sustituirá un puesto de trabajo), la mayoría de las veces los becarios ejercen como uno más de la plantilla, con las mismas obligaciones y responsabilidades.

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Otra de las ‘lagunas legales’ es el horario, en su mayoría no debería ser equivalente a una jornada laboral, puesto que no se considera que el becario ejerza un trabajo como tal. La realidad es que las jornadas son maratonianas, superando las 8 horas diarias, cosa que tampoco se refleja en la nómina como horas extras, ni mucho menos.

Una nueva legislación y un mayor control por parte de las instituciones públicas se hacen necesarios en un momento en el que la emigración de jóvenes y la pobreza crecen a un ritmo desenfrenado, surgiendo ya lo que los expertos denominan la generación perdida.  #Crisis