Más de un millar de refugiados lograban ayer alcanzar la frontera con Macedonia, en un intento desesperado por alcanzar suelo europeo. La bautizada como Marcha de la esperanza, ha llevado a los demandantes de asilo, entre ellos numerosos niños y mujeres, a abandonar el asentamiento de Idomeni que reúne ya a más de 14.000 personas en condiciones de precariedad.

Sin embargo, al llegar a Moin, localidad de Macedonia, el ejército les ha detenido y han sido devueltos a Grecia durante la noche. Esta deportación se producía después de que el gobierno macedonio declarara que no suspendería el cierre de fronteras. La noticia sacudía ayer las redes sociales y provocaba reacciones de numerosas organizaciones humanitarias, que ya alertaban sobre la posibilidad de estas huidas desesperadas ante la decisión de numerosos países europeos de cerrar sus fronteras, bloqueando así a los demandantes de asilo en suelo griego.

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Este hecho tiene lugar a tan solo dos días de la cumbre europea en la que se decidirá si los refugiados serán deportados en masa a Turquía para su posterior reubicación `legal´ en suelo europeo. Sobre la cumbre del pasado 7 de marzo, el gobierno en funciones español ha articulado mensajes contradictorios. Por un lado, fuentes del partido conservador declaraban que Rajoy no comparecería ante el Congreso para presentar las medidas acordadas la semana pasada y, por tanto, su negativa a buscar consenso ante una decisión que sin duda afectará a la siguiente legislatura. Rajoy, tras asistir a la cumbre, declaraba públicamente su conformidad con la propuesta de pacto, en sintonía con el resto de países miembro.

Al contrario de lo expresado por Rajoy, el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, mostraba ayer su rotunda negativa a aceptar un acuerdo que no se rija por la legalidad internacional y que además vulnere derechos humanos, añadiendo que lo que se produjo en Bruselas fue más un intercambio de opiniones que un acuerdo, ya que ese punto se tocará este próximo jueves.

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Margallo se mostraba así firme en su negativa a devolver masivamente demandantes de asilo a Turquía y abogaba por su trato individualizado, acorde con las directivas humanitarias que rigen el trato de refugiados políticos.

Esta falta de coordinación se hace eco también en el resto de países europeos, ya que a pesar del consenso mostrado por los miembros de la Unión ante la iniciativa turco-alemana, el primer ministro italiano ha alzado la voz posteriormente para pedir recapacitar sobre el rumbo que está tomando Europa y sobre la necesidad de hacer frente a esta crisis humanitaria de manera solidaria. La falta de empatía mostrada por los 28 echa raíces también entre los ciudadanos, como muestran los resultados de las últimas elecciones regionales alemanas, donde en áreas como Sajonia, partidos ultraderechistas defensores del cierre de las fronteras alemanas a refugiados han conseguido el mejor resultado de su historia, situándose como segunda fuerza política de la región.

El choque frontal entre las declaraciones realizadas por numerosos dirigentes europeos, partidarios de solidarizarse con el pueblo sirio, y el rumbo que está tomando la política de refugiados de la UE tendrá que resolverse el próximo jueves, donde se tendrá que poner fin a la falta de rumbo y coherencia de los mensajes dispares de la UE, aunque sea a expensas de convertirse en el actor más impopular de la comunidad internacional.

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El pacto se someterá también a escrutinio en España, ya que la legalidad española dicta que un gobierno en funciones necesita la unanimidad del parlamento para tomar decisiones, y tanto el PSOE, como Ciudadanos y Podemos ya han mostrado su negativa a aprobar lo que consideran un atropello a los derechos humanos y a la legalidad internacional. #Mariano Rajoy #Crisis en Grecia #Siria