En apenas siete meses, Grecia, que estaba en boca de todos tras las diferencias en sus negociaciones con la troika, ha pasado a estar en un segundo plano, al menos para la gran mayoría. Alexis Tsipras y su partido, Syriza, estuvieron como tema de conversación en media Europa, todos estábamos pendientes de su permanencia o no del país heleno en la #Unión Europea

El 13 de julio del año pasado, Alexis Tsipras sucumbia ante la austeridad proveniente de Bruselas. La noticia llegaba como una traición a su promesas electorales que le dieron el poder apenas cinco meses antes. A partir de este momento vendrían unas duras reformas para ceñirse al acuerdo alcanzado: subida de IVA, reforma tributaria, reforma en las pensiones, autoridad fiscal independiente, dotas de independencia a la Oficina Estadística Griega, reforma judicial, y un largo etc.

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Así es cómo se cerraría el 2015, con el primer paquete de reformas concluido y un ‘progresa adecuadamente’ para Grecia. 

Estamos en un nuevo año y las voces sobre Tsipras parecen quedar en el recuerdo, pero lo cierto es que en este año tendrá lugar el segundo paquete de reformas para la complacencia del Fondo Monetario Internacional y compañía. Ante los recortes más duros que se esperan, el de las pensiones es uno de los más duros que tendrá que superar Tsipras, y el que más dolores de cabeza está trayendo a sus ciudadanos. 

El pasado 8 de enero, la Plaza de Syntagma volvía a ser foco de encuentro para las movilizaciones. “No les interesa hacer reformas. ¿Qué han hecho contra la evasión fiscal? Nada.”, es la opinión de un participante, mientras las pancartas en forma de queja están visibles entre las muchas cabezas de los congregados allí. 

Estas movilizaciones se basan en que el gobierno griego plantea ante sus acreedores un plan de reforma del sistema de Seguridad Social.

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En este plan se podría reducir las pensiones hasta en un 35%; al igual que el incremento de un punto porcentual las cotizaciones a la seguridad social para las empresas, y de medio punto porcentual para los trabajadores. Unas acciones que, sin duda alguna, echan por tierra la promesa realizada por Tsipras anunciando que no se tocarían las pensiones en las reformas emprendidas. 

Este ajuste del sistema de pensiones (que afectaría, sobre todo, a las superiores a los 2500 euros mensuales y a los jubilados que reciban más de una pensión) puede verse compensado por los ingresos procedentes de los juegos de azar y de la agencia de privatización del Estado. Además, para reforzar este sistema, cabe la posibilidad de gravar con un impuesto las transacciones bancarias de más de 1000 euros. 

Todos estos ajustes y reformas deberán tener el visto bueno de los acreedores que, lejos de facilitar las cosas a los gobiernos pequeños, en las últimas horas ha manifestado que a Grecia “todavía necesita demostrar un fuerte compromiso con las medidas de su programa de rescate”.

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Quedan días duros para el país heleno y será en el mes de febrero cuando el gobierno de Tsipras podrá evaluar los primeros efectos del plan firmado; mes en el que también, el antiguo compañero Yanis Varoufakis, presentará su movimiento político contra la austeridad. #Crisis en Grecia