Saltó la noticia en los medios de comunicación hace pocos días, incluidos los compañeros de Blasting franceses se hicieron eco: París, esta semana, batió el récord mundial de polución, un pico de contaminación de unos 127 microgramos por metro cúbico (el máximo permitido son 80 microgramos), superando durante varias horas a megaciudades como las asiáticas Shangay, Pekín o Hong Kong, conocidas mundialmente por sus índices altos de materias de polución.

Fue una sorpresa para todo el mundo, pues las ciudades asiáticas ya citadas tienen una densidad de habitantes muchísimo más importante que París, aunque la capital francesa, al tener pocos rascacielos en su territorio, están sus habitantes mucho más dispersos y menos concentrados en pocos metros, en casas más bajas, nada que ver con los rascacielos de Nueva York.

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Tampoco tiene los problemas que tiene la Ciudad de México, otra megalópolis asolada muy de vez en cuando por la contaminación, al estar rodeada de altas montañas y por su altura, unos 2.000 metros sobre el nivel del mar, que le impide evacuar los humos tan rápido, ni renovar el aire como cuando se está al nivel del mar. Pero es Londres la ciudad europea más perjudicada, hace medio siglo su alcalde decidió promocionar fuertemente el uso de la bicicleta y el transporte público en vez del automóvil, al haber provocado la contaminación de entonces la muerte de muchos habitantes de la City.

Pero ello ha ocurrido en París, y la alcaldesa socialista Anne Hidalgo, que en pocos días cumplirá un año en el cargo, quiere también promocionar el transporte ecológico o que no contamine. U ordenar que sólo circulen un día los vehículos de matrícula par, el siguiente la impar, y así sucesivamente, entre otras medidas de emergencia.

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Hace meses, el Ayuntamiento parisino ya meditaba prohibir la circulación de vehículos de motor Diesel por la ciudad, que circulan sobre todo por los alrededores, recordando que sus humos  pueden provocar, entre otras enfermedades graves, cáncer de pulmón. Y también puso en práctica la medida ya reseñada de los vehículos en días impares o pares, con lo que dejaban a media ciudad sin coche propio, algo que la oposición política calificaba de error e incluso el Primer Ministro francés, el catalán Manuel Valls, criticaba.

Las medidas que se tomen ahora por este estado de contaminación son políticamente arriesgadas, ya que hay elecciones departamentales en Francia próximamente. Pero ha coincidido en un momento del año en que llega la primavera y se juntan el tiempo anticiclónico, las calefacciones que aún están a tope, el tráfico, la industria y la agricultura, todas ellas que utilizan combustible. Algo que no sólo afecta a París, sino a media Europa, desde allí hasta Londres y los países nórdicos. #Ecología