Las máquinas que mantienen con vida a una mujer embarazada que fue declarada con muerte cerebral pueden ser arrancadas porque su feto de 18 semanas no podrá sobrevivir al nacimiento. Esta es la sentencia del juez de la Corte Suprema en Dublín, que tuvo que exprimirse sobre el caso que ha reavivado la polémica sobre el aborto en Irlanda. El tribunal, que normalmente cierra durante el período de Navidad, se reunió en una sesión extraordinaria para escuchar las demandas de la familia de la mujer, que pedía arrancar las máquinas. Los abogados que representan los derechos de la mujer y del feto, han dicho que no presentarán un recurso de apelación contra la decisión de la Corte.

Anuncios
Anuncios

La mujer, cuya identidad no fue revelada, fue declarada clínicamente muerta el 3 de diciembre, cuatro días después de haber sufrido una lesión en la cabeza después de una caída.

La mujer tiene casi 30 años y dos niños pequeños y había sido ya hospitalizada después que los médicos habían encontrado un quiste en su cerebro. Los médicos han rechazado las demandas de la familia explicando su miedo de ser enjuiciados por negligencia o incluso por asesinato si hubieran arrancado las máquinas a la madre.

Los jueces, en su decisión de 29 páginas, han aceptado el testimonio de siete médicos cuya opinión era que el feto podía tener sólo sufrimiento y muerte. Los médicos han explicado cómo el cuerpo de la mujer es cada vez más peligroso para el feto, con amenazas de infecciones, el crecimiento de hongos, altas temperaturas y la presión arterial cuya combinación asegura que el pequeño no podría sobrevivir por otros dos meses. Sin embargo, el juez ha dejado abierta la posibilidad de que futuros casos que involucran a una mujer embarazada muerta clínicamente, puedan ser manejados de una manera diferente. En el pasado, en los hospitales irlandeses han ya tratado de mantener con vida mujeres embarazadas vinculadas a las máquinas para la supervivencia, con la esperanza de salvar al feto. En los últimos dos casos, que ocurrieron en el 2001 y en el 2003, los fetos murieron después de una semana o dos.