Ensimismados cada cual en su nación, no somos capaces de comprender la pequeñez del mundo en que vivimos y la globalización de los problemas que nos aquejan en este planeta cada vez más pequeño. Europa es un claro ejemplo, somos europeos, de la #Unión Europea, más concretamente mediterráneos, del Sur de Europa, eso es lo que somos los españoles, como los griegos e italianos.

Como europeos del Sur, lo que tenemos en común es la gravedad con que sufrimos la actual #Crisis económica, agravada por ser parte de un espacio económico dominado por los países del Norte, cuyos gobiernos son los que obligan a los nuestros. Por tanto, nuestras economías están supeditadas a las de ellos.

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La diferencia entre nosotros es el tamaño de la crisis que es inversamente proporcional al tamaño de nuestros países. Los más pequeños, de economía más débil por tanto, los griegos, debieron ser rescatados y de todos son conocidas las consecuencias de ello, sobre todo para la población griega.

Los de tamaño menos grande, nosotros, a punto estuvimos de tener que ser también rescatados, eso dando por buena la teoría de que el rescate de nuestro sistema financiero no fue en realidad un rescate también de la nación. Los de mayor tamaño, en población y en economía, Italia, ahora estamos viendo que su economía tampoco está precisamente para tirar cohetes, como no sea para tirarlos en las manifestaciones de protesta de la población angustiada e indignada.

Nuestros colegas italianos ya llevan tiempo publicando noticias que hacen referencia a las reformas que su gobierno, a las órdenes de la Comisión Europea, está haciendo, como la reforma de las pensiones o la reforma laboral cuya tramitación se vio ayer respondida con una huelga general.

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Otra cosa que nos está enseñando esta Europa de nuestros días es la escasa capacidad de maniobra que tienen hoy en día los antaño izquierdistas llamados socialistas o socialdemócratas. El Partido Social Demócrata (SPD) gobierna en la dominante Alemania en coalición con la derechista y austericida canciller Merkel. El todavía gobierno de los pobres griegos también es de coalición entre socialistas y conservadores. En Francia está teniendo que ser un gobierno socialista el que esté afrontando las reformas menos populares. Lo mismo que en España fue el socialista Zapatero el que emprendió el camino de las reformas laborales y de las pensiones que luego ha continuado el Partido Popular (PP). Así como la reforma de la Constitución menos progresista.

Ahora en Italia vemos que es precisamente el izquierdista Renzi el que está afrontando las reformas, por ejemplo para facilitar los despidos, que ha obligado a los sindicatos, su potencial electorado, a declarar la guerra. El mensaje para el electorado progresista europeo es demoledor: el socialismo ha muerto.

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El primer paso lo dio el británico Tony Blair y su Tercera Vía con la que reformó el laborismo, consiguió gobernar, pero abandonó las esencias de la socialdemocracia europea. Es incuestionable que fueron los socialistas europeos quienes a lo largo del siglo XX construyeron el Estado de Bienestar. Parece que ahora también serán ellos quienes lo entierren. O tal vez los progresistas europeos de hoy tengan que inventar nuevas opciones políticas.