El ajedrez es un juego de lógica afilada donde cada jugada requiere la previsión de unas tres futuras y un cálculo preciso de los posibles movimientos del enemigo. El mejor cerebro que posee esa capacidad, ve el mundo como el tablero de ajedrez donde las figuras están sujetas a ciertas reglas lógicas pero la importancia del factor humano, y mucho más en las condiciones de la guerra psicológica, es muy alta.

Garry Kasparov, el campeón del mundo de ajedrez y Presidente del Fondo Internacional de la Defensa de los Derechos Humanos, es uno de los pocos políticos rusos que se oponen abierta y contundentemente a la anexión de Crimea, mientras que muchos otros opositores han aceptado la posición del Kremlin.

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La semana pasada Kasparov visitó Kiev para aprender la experiencia de Maidan, la Plaza de la Revolución de la Dignidad, para sentir su energía y para entender su atmósfera que, según dice, es muy distinta de lo que pasa y, probablemente, pasará en Rusia.

En su entrevista al medio ucraniano TCN Kasparov ha expresado su visión de la situación actual del presidente ruso Vladimir Putin y unas previsiones de sus próximos pasos. Todo indica que el rey está en jaque mate y se da cuenta de su posición. Putin ya se está preparando para las protestas masivas por un lado y para la reacción de sus propios círculos, por otro. Un intento de la revolución de dignidad ya tuvo lugar en Rusia en 2011 pero no ha llegado a unir una cantidad crítica de la gente en la calle. Además, la élite política liberal rusa es muy indecisa y débil y entre la posible caída de Putin y un caos, que inevitablemente la hubiera seguido, siempre elije a Putin.

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Con lo cual no se puede esperar algunos cambios internos asociados con el motín de élite. Más probable será el gran rebelión de las masas, cuando millones de personas salgan a la calle. Pero entonces las consignas serán diferentes y los métodos, brutales. El guion de los cambios en Rusia es malo o muy malo, cree Kasparov.

Hoy, Rusia es una dictadura personificada. La política rusa está determinada por la conciencia de una sola persona. Y este régimen ahora entra en su agonía. Es un proceso que puede ser muy largo, pero aún así, es agonía porque todos los medios del apoyo de esa dictadura dentro del país están agotados y la agresión exterior es el último recurso para la sacralización del líder. Pero Putin tiene la debilidad innata de cualquier dictador. El dictador, que sobrevive tanto tiempo por encima de la pirámide, desarrolla un excepcional sentido de la sospecha. Con los años, el círculo de su confianza se reduce cada vez más y por lo tanto, la información obtenida de él, deja de ser completa y adecuada.

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Eso, a su vez, lleva a los inevitables errores que al final alcanzan un nivel crítico, igual que pasó con Hitler y Stalin.

Pero nadie sabe de dónde puede venir la amenaza. Lo único cierto es que será espontánea, como respuesta a lo que pasa en la calle. En el momento cuando la situación se haga incontrolable, es muy posible, que alrededor de Putin se encuentre la gente que tomará las decisiones unilaterales y drásticas. "No tengo ninguna duda de que Putin terminará su vida en el Kremlin. Puede ser un escenario natural pero lo más probable es que sucederá de repente y ni siquiera él tendrá tiempo para entender lo que pasó", - concluye Kasparov.