Que la violencia y la tortura es parte de la identidad nacional de España es algo bien conocido por todos, en especial por los republicanos que vivieron la guerra y la dictadura de Franco y los actuales defensores de los animales, que luchan contra el toreo y su barbarie.

Ahora, que en la actualidad es de las democracias europeas donde el estado más usa la violencia de forma desproporcionada, es algo que viene viéndose últimamente con lamentable frecuencia. Claro está, que desde que se anunció la crisis en 2007 y tras los recortes sufridos en el sector público, el número de manifestaciones ha crecido casi a la par que ha aumentado el número de parados, surgiendo movimientos ciudadanos como el 15-M en 2011 y, en 2012 ,cerca de 40.000 movilizaciones que dejaron lamentables ejemplos de represión en la memoria de todos.

Y no hace falta hacer ningún esfuerzo para recordar algún caso concreto, ya que son muchos y tantos no se pueden olvidar, como la violencia contra los estudiantes menores de edad en la primavera valenciana o como el dantesco caso de la joven de 42 años, Ester Quintana Porras que perdió el ojo izquierdo, tras recibir el impacto de una pelota de goma disparada por la policía, en la huelga general del 14 de noviembre de 2012 en Barcelona.

Tal vez solo con estos dos casos, aunque envistan mucha gravedad y teniendo en cuenta el contexto histórico de crisis económica y el aumento de protestas ciudadanas, no se pueda afirmar de España que sea un país donde el #Gobierno abuse de autoridad y fuerza para reprimir a la ciudadanía. Pero es que, en el último caso de abuso de la fuerza que ha trascendido a los medios de comunicación, las declaraciones de una de las víctimas sí sitúa a España en muy mal lugar.

Y es que, el pasado día 15 de noviembre en Las Islas Canarias, más concretamente, en las aguas de Arrecife, durante las protestas de Greenpeace por las prospecciones que llevará a cabo Repsol, donde Ana Paula Maciel, una de las partícipes del acto de protestas, declaró, tras la actuación militar llevada a cabo por el ejército español, en la cual hubo un herido grave, que "en 25 años con Greenpeace nunca había tenido una acción con una persona herida grave, es la primera vez. Ha sido una reacción agresiva, muy violenta, ni en Rusia fueron tan violentos como lo ha sido el Ejército español".

Teniendo en cuenta  que una persona con 25 años de protestas como Ana Paula Marciel tiene suficiente experiencia como para saber cuándo se actúa con violencia desmedida, y sin dejar olvidar las concertinas que tenemos en nuestra frontera con África, inéditas en toda Europa, se podría decir que, por la crisis o por cultura, en España todavía se tortura.