Parece que el ser humano, por una cosa u otra, nunca está contento. Tenemos la facultad o llamémosle el arte de criticar cualquier cosa. Mientras no paramos de quejarnos de las situaciones que condicionan nuestras vidas, pedimos a gritos un cambio, pero si éste se nos ofrece, automáticamente la frase "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer" brilla con letras rojas en nuestra mente. Es un acto inconsciente, antes de prestarnos a una reflexión más profunda.

#Podemos irrumpió en la escena política de nuestro país en el período previo a las elecciones europeas de 2014. La crisis y las políticas de austeridad que sufre España, han creado un malestar general que quedó reflejado claramente en las urnas.

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Automáticamente, saltaron todas las alarmas y todos los "buenos samaritanos" entre los que encontramos a políticos del PP, PSOE, de UPyD, etc., periodistas, economistas, grandes empresas y bancos internacionales, comenzaron a alertar a la ciudadanía sobre ese gran terrible peligro mundial, entiéndase la ironía, que supondrían las políticas que Podemos presentó en su programa, que recordemos, era un documento muy general, válido para unas elecciones europeas y no para unas elecciones nacionales.

Las críticas, sobre propuestas como el impago de la deuda, la renta básica universal, o la jubilación a los 60 años por citar algunas, se acuñaban bajo el término de "radical antisistema". Se ha acosado a Podemos, sin tregua, instándolo a elaborar un programa válido y "realista" para unas elecciones generales que aún quedan un poco lejos.

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Sin embargo, los grandes partidos aún no han concretado con claridad sus programas electorales, y sabemos, que aunque lo hagan, es muy posible que éstos nunca lleguen a cumplirse (sólo basta echar un vistazo a la historia reciente de nuestro país), y no pasa nada "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer", vuelve a brillar dentro de nuestras cabezas.

Esta semana pasada, #Pablo Iglesias, junto con los reconocidos economistas Vinceç Navarro y Juan Torres, presentó el primer borrador del polémico programa electoral de Podemos, que incluye aquellas "propuestas realistas" con sus números y letras, que se les exigían con tanto ahínco. Después de meses y meses, escuchando en los medios que su programa debía concretarse, que no podía cumplirse, que era en extremo radical… cuando al fin presentan medidas reales, ahora de pronto, nos parecen unos insulsos socialdemócratas un tanto mediocres. Como digo, nunca estamos contentos. Basta con leer algunos titulares de prensa como el del periódico El País, "Podemos diluye su programa electoral en un 'gobierno progresista'".

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Realmente Podemos ha relajado su discurso, ¿pero acaso no era eso lo que se les pedía? Medidas como la renta mínima, para garantizar que no haya familias sin ningún ingreso, la auditoría de la deuda, para que se pague lo que realmente es justo, la protección de los servicios públicos o la modificación de la Constitución acerca del derecho fundamental a la alimentación, dista mucho de las políticas neoliberales que nos dictan los dos grandes partidos, en las que la modificación de la Constitución se queda en el Artículo 135 que prioriza el pago de la deuda sobre los intereses ciudadanos, más privatizaciones y continuas pérdidas de derechos laborales y sociales.

Ahora toca reflexionar, si realmente nos merece la pena conocer algo nuevo o quedarnos con lo malo conocido, que ya sabemos a dónde conduce. Sobre todo, un poco de coherencia, ¿qué es lo que realmente queremos? ¿Un "populismo radical" que nos aterra, o un "socialismo light" que nos aburre? El ser humano nunca está contento.