Todos nos horrorizamos con la subida de votos imparable de Marine Le Pen en Francia, y hay otro país europeo, antes parte del Pacto de Varsovia y que vivió una larga dictadura de 45 años, que ahora vive otra dictadura, aunque de apariencia más civilizada y que permite que se presenten partidos de otras ideologías a las elecciones.

Ese país es Hungría, que desde hace años tiene como Primer Ministro a Viktor Orbán, antaño héroe de la rebelión contra la dictadura del Pacto de Varsovia y ahora convertido en un ultrapuritano político que amenaza de vez en cuando con Leyes que atentan contra la libertad personal. Un ejemplo fue cuando amenazó con multar severamente a periódicos o revistas que "publiquen artículos que atenten contra el Matrimonio, la Familia y la #Religión". Ley que afortunadamente no se aplicó al rebelarse en contra casi todo el país.

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En las elecciones recientes, el partido de Orbán, Fidesz, ha salido reforzado, con una mayoría tan amplia que le faculta para reformar la Constitución nacional y rehacerla como ellos quieran. Incluso ha subido en intención de voto otro partido de extrema derecha, Jobbik, más duro que el de Orbán, que apoya al Gobierno, con un mensaje xenófobo, antigitano y antijudío, que montó manifestaciones cuando en Budapest se celebró un Congreso Mundial Judío y negó el Holocausto.

Aunque Orbán dice que tiene "tolerancia cero" con el antisemitismo, no hace nada por evitarlo, y llegó al extremo de, cuando el 70 Aniversario del Holocausto, intentar reescribir la Historia y decir que Hungría era completamente inocente de aquello, que nunca apoyó el exterminio. La comunidad judía húngara y mundial dijo no creerse nada.

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La Unión Europea ha reaccionado siempre en contra de las medidas autoritarias de Orbán desde que llegó al poder, aunque aún no se ha visto claramente, más allá de las palabras.

Orbán, en un discurso en una Universidad del país en Agosto, dijo que quiere diseñar una "democracia aliberal" (sic) para Hungría, con la que cree que el país volverá al esplendor del Imperio Austrohúngaro, y puso como ejemplos a países como China, Rusia o Turquía, que según él tienen éxito entre sus conciudadanos. Regímenes autoritarios, por cierto.

La última perla de la deriva totalitaria de Hungría llegó al verse un vídeo de la Policía húngara que aconseja a las mujeres cómo evitar violaciones, culpándolas antes a ellas que al mismo violador, con unas palabras que recordarán a las mismas que el Gobierno español de Rajoy pretendía difundir y que luego tuvo que retirar.

Aunque se le ve atacando a ONG que según él reciben dinero del extranjero (Noruega), aunque sólo va por las que no controla, claro, y haciendo acuerdos comerciales con los países "demócratas" antes mencionados, para modernizar centrales nucleares gracias a Rusia o acuerdos de Defensa con China.

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Incluso con Irán, desafiando las sanciones internacionales contra Teherán.

El diario El País hizo el pasado 6 Noviembre un reportaje sobre el culto a la personalidad de Orbán, "Historia se escribe con O de Orbán", con La Casa Del Terror, museo de Budapest donde se muestra cómo fue el horror del nazismo y del comunismo, todo en uno. Su directora ve como comunistas incluso a la derecha moderada europea y fue asesora de imagen de Orbán. Se elegirán libros de texto a gusto del Gobierno y se controla cada vez más a maestros e historiadores. Y la cosa va a más, pues se sienten legitimados el Primer Ministro, su Gobierno y sus seguidores, para superarse a sí mismos.