Independientemente de las creencias religiosas que se tengan o no, si hay una figura cuya voz hay que escuchar siempre es la del Papa de Roma, el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, un personaje al que hay que respetar doblemente, primero y principalmente por la influencia que indudablemente ejerce en millones de fieles en todo el planeta, segundo porque no deja de se un Jefe de Estado, el Vaticano, como tal reconocido por toda la Comunidad Internacional.

En España la religiosidad la tenemos bastante distorsionada, sobre todo el catolicismo lo tenemos bastante discapacitado. Culpable de ello son los siglos que la jerarquía eclesiástica española ha estado siempre entre los privilegiados y contribuyendo a la represión de los pobres, historia culminada con el apoyo a la "cruzada nacional-católica" de la guerra civil y el Franquismo.

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Por eso, coherentes con el laicismo tradicional de la izquierda española y como protesta contra los privilegios pre-constitucionales que, todavía, mantiene la Iglesia Católica española, los eurodiputados de Izquierda Plural abandonaron ayer el parlamento de Estrasburgo mientras Francisco I se dirigía a la Eurocámara. 

Pero esa es otra historia, lo importante de ayer es lo que Bergoglio, un argentino, les vino a decir a la cara a los representantes de la ciudadanía europea, un crítica feroz, larga y seria, que los eurodiputdos asumieron respondiendo con un largo aplauso puestos en pie. Definitivamente los tiempos que está protagonizando Francisco I en su papado son tiempos nuevos para la Iglesia. Prueba de ello es la actitud ante los casos de pederastia en la Iglesia, como el que está investigándose estos días en Granada, gracias a la intervención del mismo Papa, hechos a los que también se refirió ayer mismo en Estrasburgo manifestándose claramente que "la verdad no se puede esconder".

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Pero el lugar y el motivo del discurso de ayer era Europa y sobre Europa no pudo ser más contundente Francisco. "No se puede consentir que el Mediterráneo se convierta en un cementerio", criticó los "estilos de vida  egoísta, de una opulencia insostenible e indiferentes a los más pobres", condenados al "trabajo esclavo y continuas tensiones sociales". Francisco I pidió a Europa que "deje de girar en torno a la economía", que abandone el "cansancio y envejecimiento de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz" y recupere los ideales que históricamente la han hecho grande, los ideales de los derechos humanos, y mire al futuro para convertirse en un referente para el resto del planeta.

El Vaticano, aunque sea un estado, es un estado minúsculo, ubicado dentro de la ciudad de Roma, capital de Italia, por eso los papas han estado siempre muy implicados en la política italiana, también Bergoglio, aunque argentino, aunque líder de una institución universal,  vive muy de cerca los asuntos italianos, es por ello lo afectado que se muestra por el drama de la #Inmigración que está sufriendo Italia, como España.

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En Italia los inmigrantes intentan llegar cruzando el Mediterráneo en condiciones de absoluta precariedad que les llevan demasiado a menudo a la muerte, por ello, el llamamiento del Papa a que el Mediterráneo no se puede convertir en un cementerio de seres anónimos, y por ello la conciencia de que el problema no puede ser asumido en solitario ni por Italia, ni por España, ni por ninguna otra nación europea, como está sucediendo hoy en día. Para eso, piensa Francisco I, debería existir la #Unión Europea, para dar soluciones humanas. #Papa Francisco