En los años sesenta del siglo pasado, los dirigentes comunistas que gobernaban los países del Este de Europa sometidos a la dictadura soviética, trataron, a toda costa, de impedir la emigración masiva de sus ciudadanos y la consiguiente ruina por despoblamiento de sus naciones. El símbolo más impresionante de esa descabellada política fue el "encarcelamiento" de los habitantes de Berlin construyendo el Muro que trató de impedir el paso desde Berlín Este (gobernado por los comunistas) al Berlin Oeste, administrado por los occidentales.

Para lo único que sirvió esa política fue para aumentar el sufrimiento de sus poblaciones y la desafección con los regímenes del Telón de Acero de sus ciudadanos.

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En lugar de emigrantes pasó a haber huidos, algunos con éxito, muchos muertos, heridos o encarcelados en el intento. El Muro de Berlín cayó en 1989 y con él el Telón de Acero y los regímenes soviéticos que los habían construido.

Mientras que los regímenes comunistas del Este de Europa se arruinaron intentando evitar que sus poblaciones huyesen de ellos mismos, la Europa Occidental, democrática, que empezó a construir la #Unión Europea poniendo en marcha la Comunidad Económica Europea, progresaba y se reconstruía de la pasada Guerra Mundial mediante una política de acogimiento y asilo de inmigrantes y exiliados del resto del Mundo. España, que no era entonces todavía ni democrática ni europea, es un claro ejemplo de cómo millones españoles emigraron en aquellos años, abandonando la mísera y atrasada España para ir a hacer con su trabajo grandes y prósperos los países más avanzados de la Europa Occidental, los principales destinatarios de la emigración española fueron Alemania (la occidental, claro) y Francia.

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 La política de acogimiento y asilo forma parte, por tanto, del ser europeo. Cuando fue tomando forma  la Unión Europea, las leyes fundacionales de las instituciones europeas lo reflejaron explícitamente, por ejemplo, es ilegal en toda la Unión Europea expulsar a nadie de territorio europeo sin haber comprobado antes que es un menor o que es perseguido en su país de origen por motivos políticos.

Pero como los tiempos cambian que es una barbaridad, en los últimos años resulta  que la ahora empobrecida Europa asolada por la crisis económica no es capaz ya de acoger a los millones de seres desesperados y hambrientos que tratan de venir huyendo de la miseria y/o de las guerras de sus países y ahora nos encontramos con una situación sumamente paradógica.

Mientras los gobiernos europeos tratan de impedir que los desarrapados de hoy en día lleguen, principalmente los fronterizos del Sur, Italia y España, lugares geográficos por los que los míseros subsaharianos tienen que pasar para llegar a Europa, la Unión europea no cambia sus leyes de acogimiento y asilo que son de obligado cumplimiento para todos los países de la Unión.

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Para un observador que no supiera cómo son las cosas el espectáculo es sumamente curioso, mientras las patrulleras italianas o españolas se esfuerzan en perseguir las pateras en alta mar para impedir que lleguen a desembarcar en territorio europeo, mientras en Ceuta y Melilla, las ciudades europeas en África se levantan todo tipo de vallas, cada vez más altas y con más pinchos, para impedir  que los subsaharianos puedan cruzarlas, mientras las fuerzas militares y de órden público ponen todo su empeño en intentar evitar que los inmigrantes ilegales pisen suelo europeo, si lo consiguen, esos mismos inmigrantes que un minuto antes peleaban con los guardias fronterizos, pasan automáticamente a ser acogidos y cuidados por esas mismas fuerzas policiales que un minuto antes tenían orden de evitar que llegasen.

Los alemanes que huían del Este en los años sesenta tenían que hacerlo a escondidas de los guardias fronterizos que, si los descubrían, los detenían o mataban. Si conseguían huir, los guardias al otro lado del Muro les acogían y protegían. Hoy sólo hay guardias a un lado de los nuevos "muros" que trata de levantar Europa y son los mismos guardias fronterizos a los que primero hay que vencer o esquivar para que después te acojan y cuiden. Es algo simplemente esquizofrénico. Lo lógico sería pensar que los inmigrantes ilegales deberían intentar pasar a escondidas y buscarse la vida de incógnito, pero no, el objetivo es simplemente pasar, pisar suelo europeo, la victoria para ellos está en pisar suelo europeo, una vez aquí no hace falta esconderse para nada, sólo hay que ir o, mejor, dejar que te lleven a los centros de acogida. Así es la Unión Europea que estamos construyendo.

A pesar de todo, con toda la crisis que nos asola, la Unión Europea seguimos siendo el sueño dorado para millones de seres que a duras penas sobreviven en este planeta en condiciones de vida paupérrimas, infinitamente peores que las nuestras. Los europeos deberíamos saber mejor que nadie que no hay Muro ni Telón de Acero capaz de contener las ansias de libertad y progreso del ser humano. Deberíamos dejar de derrochar esfuerzos y recursos en intentar evitar lo inevitable, que además lo hacemos de una forma completamente incoherente. Sólo hay un camino posible para evitar los flujos migratorios, acabar con las desigualdades entre territorios. No hay más que una elección, o contribuimos activamente a acabar con la pobreza en el Tercer Mundo, o acogemos a todos los que no se resignen a morirse de hambre.

Porque además resulta que nos hacen falta. Lo mismo que la Europa destruida en al Segundo Guerra Mundial precisó de la inmigración para reconstruirse y volver a prosperar. La Europa de hoy es un territorio en un grave proceso de envejecimiento. O vuelven a nacer niños europeos a un ritmo al que parecen que no están dispuestos los europeos de hoy en edad de procrear, o acogemos inmigrantes que vengan a trabajar y que hagan sostenible la economía europea en los próximos años.