El germen histórico de Rusia se sitúa allá por el año 882, cuando Oleg el Sabio unificó el Rus (principado) de Kiev, sí Kiev, la actual capital de #Ucrania. Aquel Rus de Kiev fue creciendo arrebatándole territorios a Polonia y Lituania (entonces mucho más grandes que ahora) hasta que acabó desintegrándose en varios estados menores, como era habitual en la Edad Media (en España somos claro ejemplo de ello).

A partir del siglo XIII Moscovia (Principado de Moscú) sustituyó al antiguo Rus de Kiev y fue agrandándose a través de los siglos hasta convertirse en el Imperio Ruso, enorme territorio que abarcaba desde el Pacífico hasta el corazón de Europa.

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Tras la Revolución Rusa de 1917 el Imperio Ruso se convirtió en la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), más o menos con el mismo territorio, disminuido en Europa a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial la U.R.S.S. recuperó con creces el territorio perdido en la Primera.

Durante todos esos siglos que abarcan desde el IX al XX, la mayor parte del territorio de lo que hoy es Ucrania ha formado siempre parte, indiscutiblemente, de la Historia de Rusia.

Es con la constitución de la Unión Soviética cuando empieza a existir Ucrania. Los comunistas rusos transforman el viejo Imperio de los zares en un estado federal, una Unión de Repúblicas y una de esas repúblicas que conforman la nueva U.R.S.S. es Ucrania.

El nacimiento de la Unión Soviética, y por tanto de Ucrania, no fue ni sencillo ni pacífico, tras el triunfo de la Revolución estalló la Guerra Civil, en la que el ejército Rojo se enfrentó a los contrarrevolucionarios ejércitos blancos, apoyados por las potencias occidentales.

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Entre los combatientes blancos tuvieron especial significación los cosacos (tradicionales guerreros de los zares) de Crimea, que pagaron su derrota con la deportación masiva, lo que obligó a la repoblación de esta península ucraniana por habitantes provenientes de otras partes de Rusia.

El Imperio Soviético se desintegra en 1991 y a es partir de entonces que varias de las antiguas repúblicas soviéticas se convierten en naciones independientes, una de ellas Ucrania. Mientras el proceso en la zona asiática del Caucaso es bastante conflictivo y rápidamente las nuevas repúblicas caucásicas se ven abocadas a crueles guerras por motivos étnicos y religiosos (que habían estado reprimidos y escondidos por las dictaduras primero de los zares y después soviética), en la parte occidental , Lituania, Letonia, Estonia, Bielorrusia o Ucrania viven el proceso de forma pacífica, y por lo que respecta a Bielorrusia y Ucrania, los rusos ven estos nuevos estados como nuevos vecinos que son buenos amigos porque siempre han sido de ellos mismos.

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Durante años, Rusia asume resignada el proceso de desintegración de lo que fue la todopoderosa Unión Soviética como consecuencia de los errores del comunismo y la derrota económica en la Guerra Fría, culminada con la catastrófica guerra de Afganistán.

Los líderes de la nueva Federación Rusa asisten impotentes a cómo sus antiguos países aliados del Pacto de Varsovia, con los que habían formado durante toda la segunda mitad del siglo XX su cinturón estratégico militar y alianza económica, lo que so conoció como Telón de Acero, iban paulatinamente integrándose en la #Unión Europea y, lo que es peor para ellos, en la tradicional alianza militar enemiga: la O.T.A.N.. Los "enemigos" a los que durante medio siglo han mantenido alejados de sus fronteras, más allá del centro de Europa, ahora ya están en Polonia, ya sólo les queda el cinturón de sus vecinos amigos porque son de ellos mismos, Bielorrusia y Ucrania, pero ahora resulta que en Ucrania tienen un grave problema.

Ucrania es un ejemplo de país inventado, sin historia propia y sin la suficiente cohesión sociológica. Cuando los soviéticos decidieron dividir el Imperio Zarista en repúblicas, una de tales repúblicas fue Ucrania, tras la Segunda Guerra Mundial Ucrania ocupa territorios que siempre han sido rusos y otros, más al Oeste, que no. Mientras todos son soviéticos, es decir, rusos, las diferencias no son importantes y no hay problemas, los problemas surgen al convertirse en una nación independiente, es una nación partida sociológicamente en dos, el Este, ruso de toda la vida, quiere mantener a toda costa los vínculos con la madre patria, el Oeste, occidental y europeísta, trata de abrirse e integrarse, económica y políticamente a la Unión Europea, algo que Rusia ya no está dispuesta a aceptar bajo ningún concepto. Los gobernantes rusos no pueden aceptar perder la influencia y el control sobre un territorio que consideran suyo de siempre.

Un corrupto gobernante ucraniano pro-ruso ha tratado de impedir, con métodos nada democráticos y violentos, lo que una parte muy importante de la sociedad le demandaba, la democratización y la europeización, ratificada con un nuevo tratado de asociación con la Unión Europea que el corrupto gobernante pro-ruso se ha negado a rubricar. Una revolución ciudadana nacionalista y pro europea lo ha expulsado del poder, el conflicto estalla inevitable de forma automática, En la Europa del siglo XXI un nuevo choque entre nacionalismos, el nuevo nacionalismo ucraniano contra el viejo nacionalismo ruso. La, de nuevo, agresiva y expansionista política rusa, dispuesta a proteger a "los suyos" y a no permitir que le quiten "lo suyo", contra la siempre mogigata e incoherente Europa, incapaz de ofrecer una solución adecuada a los que quieren ser de los suyos, mientras, le gente mata y muere sobre los nuevos terrenos de batalla.

Esta nueva guerra es un conflicto económico, sí, como casi todos los conflictos, a Ucrania le interesa integrarse en la economía europea mientras que Rusia no quiere perder el control sobre la economía ucraniana. También hay cuestión geoestratégica, Crimen es la sede histórica de la Armada rusa, su salida al mar Mediterráneo, no sólo militar sino también comercial, Rusia no puede permitirse, bajo ningún concepto, la posibilidad siquiera de perder el control de esta zona y que un día pueda ser territorio enemigo.

Pero sobre todo éste es un conflicto de sentimientos. Los sentimientos patrióticos existen, bien lo saben los gobernantes del mundo que los utilizan cuando y como les interesa, aunque muchas veces tratan de ignorarlos y gobernar en contra de ellos. Bien lo supo el internacionalista y georgiano Stalin que, convertido en padre de la patria Rusia enarboló el patriotismo ruso para poder derrotar a Hitler.

Escocia podrá ser independiente o no, pero es una nación desde siempre, durante siglos incluso reino independiente, Cataluña podrá conseguir la soberanía o no, pero siempre ha sido Cataluña, aunque no haya sido independiente. Por lo mismo, gran parte de los habitantes de Ucrania han sido siempre y quieren volver a ser rusos, igual que otra parte de los ucranianos nunca se han sentido cómodos sojuzgados primero por la dictadura soviética y luego encorsetados en el domino ruso. Son dos sentimientos nacionales o patrióticos condenados a enfrentarse y que difícilmente podrán convivir bajo una misma estructura estatal.

Modificar los sentimientos nacionales o patrióticos es algo que requiere varias generaciones y que la Historia demuestra reiteradamente que no se puede forzar. Los gobernantes del mundo deberían asumirlo y tenerlo en cuenta a la hora de inventarse países o de modificar arbitrariamente las fronteras.

Y por lo que a nosotros respecta, como europeos, ciudadanos de eso que se llama Unión Europea, deberíamos ir preocupándonos ya de que esa Unión Europea fuese verdaderamente una Unión y que tuviese gobernantes coherentes y eficaces, capaces de solucionar problemas y no de crearlos, que es lo han hecho ahora en Ucrania, incapaces de defender y ayudar verdaderamente a los ucranianos después de abocarlos al desastre en el que están con el ofrecimiento del tratado causante último del actual conflicto, e incapaces de intimidar al gobierno ruso, contra el que sólo se les ocurre unas sanciones económicas con las que los principales perjudicados somos los propios europeos, por ejemplo, los agricultores españoles, y por no hablar del avión con pasajeros europeos civiles abatido "presuntamente" por los pro-rusos.