Es evidente que el término "casta" ha incomodado y ofendido a los miembros de las formaciones políticas, el empresariado y organismos vinculados a la administración. También hirió la sensibilidad de militantes y simpatizantes de los partidos políticos a los que Pablo Iglesias incluye en el apelativo de casta.

Los políticos y sus partidos, enquistados en los poderes de la nación y que con su mal actuar han generado enojo y desconfianza, degradaron al habitante al rol de simples "votos", sin injerencia, influencia ni capacidad de opinión en el quehacer político de los tres niveles de #Gobierno. Entiendo que es a ellos, a los políticos que con su maniqueos y corruptelas, el abuso y el engaño, despojaron a los ciudadanos de su derecho a ejercer su derecho político en las decisiones del estado, son ellos, los usurpadores de la población en ésta democracia a quienes PODEMOS califica de "Casta.

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Desde sus reiteradas participaciones en los debates de La Sexta, Pablo Iglesias usó esta palabra para encerrar a todos aquellos a quienes acusó de concentrar el poder de forma no sólo inadecuada, sino prepotente y corrupta. Al llamarles casta, Iglesias provoca conscientemente la desconfianza de los desencantados y furiosos españoles hacia el modo de hacer política de los partidos más grandes, y hay que decir que no parecía estar confundido o inseguro de que ésa y no otra la etiqueta que quería poner para definir a PP y PSOE. Pero ¿por qué eligió ese concepto?

Las tres primeras acepciones del término que nos brinda la RAE parecen más cercanas a lo que PODEMOS parece referirse:

Casta.

(Der. del gót. kastan; cf. ingl. cast).

1. f. Ascendencia o linaje. Se usa también referido a los irracionales.

2. f. En la India, grupo social de una unidad étnica mayor que se diferencia por su rango, que impone la endogamia y donde la pertenencia es un derecho de nacimiento.

3. f. En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.

Así pues, y dado que parte del mensaje discursivo los fundadores de Podemos trata de denunciar el abuso y explotación de la sociedad a la que representan, fue menester determinar el rol de las castas en nuestra extraña forma de democracia desde sus inicios para entender por qué la insistencia de Iglesias a este respecto.

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En sus remotos orígenes, la democracia tenía, como hoy, un poco de azar y otro poco de acuerdo mayoritario en la toma de decisiones. El senado estaba integrado por todos los ciudadanos atenienses y votaban directamente y es de recalcar que los elegidos no tomaban decisiones, pues se pensaba que el poder en manos de los electos implicaba quitárselo al pueblo y así convertir el estado en una oligarquía.

Democracia significaba para los griegos: igualdad ante las decisiones y la elección de decisiones, no elegir a quien tome las decisiones. La reducida población, menos de medio millón de habitantes facilitaban las condiciones para que este sistema fuese factible, aunado a las restricciones para ser considerado ciudadano, ya que sólo se daba calidad de ciudadano a los varones, adultos, libres y nacidos en Atenas, resultando así que ni mujeres ni infantes, esclavos ni extranjeros tuviesen acceso formar parte en las sesiones de la asamblea, por lo que la población no tenía otra manera de alcanzar esos derechos que "agnarse" a una familia que sí los tuviera.

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Pocas diferencias encontraremos entre las democracias atenienses y romanas, aunque en este segundo caso, era posible que se concediese la ciudadanía a personas que no eran de origen romano. La República en Roma se desfiguró en la autocracia del Imperio. Algunas ciudades libres de la antigua Germania, los principados italianos y Países Bajos continuaron aplicando políticas democráticas en el medievo, particularmente en el concepto de auto gobierno popular mediante las instituciones de los municipios. La mayoría dejó de estar constituida por esclavos para ser integrada por ciudadanos libres y, conforme se extinguía el feudalismo, al mismo tiempo germinaba la clase media comercial y adinerada que administraba los recursos y definía los tiempos de participación política dando lugar al renacimiento de un ímpetu de libertad inspirado en los preceptos antiguos de las democracias griega y romana. Conceptos de equidad política y social se reforzaron en el renacimiento y más tarde en la reforma protestante con la lucha por la libertad de creencias.

En la actualidad, la democracia tiene limitaciones propias. Mucho ha degenerado la percepción y aplicación del vocablo desde los antiguos griegos a nuestros días, pues para la mayoría de los ciudadanos, el "poder del pueblo" se limita a votar, y tal acción se reduce a una única ocasión cada cierto tiempo. Es de resaltar que la mayor y más relevante de las diferencias entre la democracia de la Atenas antigua y la "nuestra", es que en aquellos tiempos eran los votantes quienes tomaban las decisiones y los electos, encargados de acatarlas cuando una propuesta alcanzaba la mayoría convirtiéndola en ley. En las sociedades modernas, no solo no tenemos ninguna posibilidad de tomar decisiones en aras de nuestro bienestar común, es que tampoco existe la mínima ocasión de influir en la toma de esas decisiones y aún menos, en la forma en que son aplicadas y a quienes afectan.

¿Qué oportunidad tiene la democracia ateniense de reinstalarse con sus pertinentes ajustes a las sociedades modernas? Tengo que reconocer que escasa confianza me inspira la ciudadanía "moderna" con respecto a otorgarle todo el poder que implica una democracia verdadera o del estilo antiguo.

Los estados cuya organización política es la democracia, pregonan que la corrupción, la manipulación, el despotismo y el engaño son resultado de la ineptitud para manejar inteligente, eficiente y honestamente el poder político y económico, algo así como una reacción alérgica lógica en los no capacitados para soportar el peso del poder, sin "vocación de servicio" y que no cuentan con la estatura moral indispensable para repeler las tentaciones de la corrupción, cuando en realidad es que la corrupción es uno de los instrumentos adicionales del poder económico para conservar el control y la subordinación del poder político, o al menos, que éste se considere a sí mismo, como un invitado en el festín de la administración de todos los recursos que la población ingenuamente considera de su propiedad. "Ya se sabe que el ser social determina la conciencia social: por tanto la modificación del ser social de quienes toman decisiones determinará la conciencia social que las dirija" (*). Lo que significa que "los de arriba" moldean la apreciación y definición que la población tiene de sí misma en relación de sus representantes.

Es aquí donde se puede colocar el tan nombrado y afamado término "casta". Más que definir a los partidos políticos hegemónicos que han raptado el poder a toda costa en detrimento de los llamados "pequeños partidos" y de la sociedad civil en su totalidad, Pablo Iglesias y su equipo han dado un carácter ridiculizado a esos organismos políticos y sus cómplices en el consejo de administración de los recursos nacionales. Acaso se trate de un error de origen al emitir el titular que pretendía darle un adjetivo peyorativo a ese grupo corrupto político y económico y que, por su efecto en la población y el término "casta" esté ya tan aplaudido que no quede más que mantenerlo circulando en el discurso del nuevo poder y sus cada vez más numerosos seguidores para señalar a un enemigo no imaginario y que es vital para la supremacía de clase.