Recuerdo que en mi niñez el ser de izquierdas era sinónimo de comunismo, de inconformismo, de inconformismo, más que de ideas, los sindicalistas en su totalidad eran de izquierdas y la derecha era el sinónimo de capitalismo y explotación.

Si bien eso hoy en día no parece haber cambiado lo cierto es que la política depende del poder financiero, el poder de decisión y de #Gobierno no está en manos de los "gobernantes", sino de los grandes capitales.

Y el pueblo ya no es que vote tanto por ideales, más bien vota por los resultados que puede ver a lo largo de una legislatura, si todo ha ido más o menos bien con el que está, tanto da si es de derechas o de izquierdas, dejan vivir y las cosas han ido bien, mejor no cambiamos, a fin de cuentas es igual.

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Pero si las cosas no van bien entonces cruzamos la acera y optamos por la opción B.

El caso más claro fue cuando contra todo pronóstico Zapatero llegó al gobierno, a tan sólo horas de las elecciones el atentado de Atocha y las 192 víctimas mortales más la desesperación por ocultar la verdad, dio un giro inesperado y el PSOE fue gobierno.

Por tanto, Zapatero no llegó por méritos propios ni por un plan de gobierno atractivo ni por que el pueblo votara por ideales, llegó gracias a una tragedia que provocó un voto castigo, España en teoría no iba mal, 192 vidas y un irracional atentado cambiaron todo.

Ahora la situación es diferente, la #Crisis ya lleva años castigando a todo un pueblo y ni el PP ni el PSOE han sido capaces de generar alternativas o proyectos o soluciones que al menos palien la actual coyuntura.

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Rajoy además de mentir descaradamente y hacer todo lo contrario lo prometido en su campaña electoral se ha limitado a aplicar a rajatabla las órdenes emanadas de Alemania, pero si hubiera sido el PSOE con quien fuera al frente, habría hecho lo mismo, por obediencia pero sobre todo por falta de capacidad.

Por que en realidad no son formaciones dispuestas y comprometidas con su gente, uno por una mayoría absoluta, algo que no debería existir en gobierno alguno, todos los excesos son malos y más para la gente, un gobierno con todo el poder es malo para el pueblo y sobre todo malo para la clase obrera, da igual si es de derechas o izquierdas, ambos abusarán de ese poder y por regla general, en las decisiones macro se equivocarán, sobre todo en este país donde no se gobierna previniendo sino improvisando, sin medir consecuencias.

En medio de todo surge un señor que le dice a la gente lo que la gente desea oír, interpreta su disconformidad y de paso despierta esa parte dormida, esa falta de respuesta, de falta de amor propio del pueblo español.

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Y nace una alternativa a todo lo conocido, alguien que con una formación y un buen discurso donde además deja al desnudo la ineptitud, la desidia, pone no al descubierto pero sí al alcance de la opinión pública que existe la posibilidad no solo de criticar y condenar un bipartidismo alejado de los problemas de la gente sino que deja ver que al fin parece que una alternativa a lo viejo y conocido es posible.

Bien podría ser de derechas o izquierdas, tanto da, que su líder haya asesorado a Merkel o a Castro, el tema de fondo es que aparece alguien que llama las cosas por su nombre y planta cara al actual sistema.

Un sistema enfermo, herido de muerte, un sistema que ha demostrado que ya no da más de sí, que necesita un relevo y un cambio profundo, algo que le de al pueblo la motivación de ir a votar, pero sobre todo que le devuelva el derecho a creer, a pensar que aún existe la posibilidad de que la política esté al servicio del pueblo y no de aquellos que llegan al poder para su propio beneficio.

¿Qué importa que ideales ostente aquel que aspira a gobernar si le ofrece a su pueblo aquello que su pueblo quiere? Vale que podría ser un lobo vestido de cordero, pero visto lo visto, padecido lo padecido, si es al menos a la vista de todos una persona preparada y que nos dice lo que deseamos oír, pues, siempre será mejor que lo viejo y conocido.

Por tanto ya no es cuestión de ideales, ya hace mucho que no lo es, el tema es que si la opción que se nos ofrece es mejor que lo que tenemos, allí iremos, más hoy por hoy, cuando vemos que lo que tenemos es como un virus letal.

Cualquier cosa será mejor que lo que ya tenemos, cualquiera, ya puede ser ambidiestro, el pueblo español apoya más que nada una esperanza de cambio, en sí, buscamos amortizar al menos en algo la actual podredumbre política que tenemos.

Y ese cambio puede venir de la mano de una mujer u hombre y da igual su orientación sexual, su fe o su raza o procedencia, si bajo su brazo viene con esa propuesta, si trae con él esa esperanza y posibilidad de cambio. Sencillamente es esa opción que todos estábamos esperando, la misma que nos permita al menos tener la posibilidad de que se produzca el cambio, por que lo actual sólo nos puede traer más y más de lo mismo.

Por tanto, los ideales quedan más bien de lado, lo que realmente nos importa es que las opciones que nos presentan sean creíbles, sustentables en el tiempo. Es lo que llevamos esperando ya hace demasiado tiempo y nos merecemos al menos esa opción: la de escoger ese camino nuevo, distinto.

Y ese camino comienza en las municipales, así que tenemos que ir barajando esa posibilidad.