España necesita no sólo modernizarse sino tener un gobierno con más ética y menos prejuicios.

Que existe la prostitución en cada rincón del orbe es algo innegable, pero mantenerlo allí, en un rincón, escondido, como pretendiendo con ello decirle al mundo que en este reino esas cosas no pasan es un sinsentido.

Detrás de cada persona que vende su cuerpo existen razones –o no- para hacerlo, pero durante generaciones los sucesivos gobiernos miran hacia otro lado y ninguno (menos aún si son de derechas) le pone el cascabel al gato.

En Uruguay las personas dedicadas a la prostitución aportan a la Seguridad Social y se pueden jubilar ejerciendo de meretrices, caso de las mujeres, por ejemplo.

Esta situación legal les obliga a pasar por exámenes médicos periódicos que le garantizan tanto al trabajador/a sexual como al potencial cliente la salud del mismo.

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Pero eso sucede en un país llamado subdesarrollado, que curiosamente es ejemplo en más de una conquista social, mientras que aquí, en el viejo mundo España se sigue debatiendo entre los falsos pudores e hipócritas prejuicios, al tiempo que sigue tapando escándalos eclesiásticos como los robos de bebes o abusos a menores por parte de la curia española.

No se puede seguir ocultando el sol con un dedo, vivimos en una sociedad que en materia de información a dado pasos de gigante, por tanto no sería necesario sino mas bien vergonzoso que sean los empleados de hacienda los que tengan que pedir que se regularice la prostitución, menos cuando lo miran como un trámite meramente económico dejando de lado que nos estamos refiriendo a personas.

La economía sumergida no es de 6 mil millones de euros como afirman desde Hacienda, más bien es casi el triple, cercano a 15 mil millones de euros al año, en una “industria” que mueve más de 24 mil millones.

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Es darle, otorgarles o reconocerles sus derechos, las personas que se dedican a la prostitución no pueden seguir en la ilegalidad y mucho menos en el desamparo, por que en temas de salud ponen en riesgo la suya y la de quien contrata sus servicios.

No sólo es permitir que ejerzan dentro de la legalidad, desde la seguridad, desde un marco jurídico que les otorguen derechos y obligaciones como el resto de los trabajadores españoles.

Existen antecedentes, por ejemplo, un sindicato de prostitutas en Canarias ¿como es posible que sea legal un sindicato de prostitutas si la misma es ilegal en España?

¿No será que es hora de quitarnos la careta y legalizar de una bendita vez la prostitución?

Si España se autoproclama moderna y laica que deje de lado las presiones de la iglesia y que los puritanos que tenemos en el gobierno sean capaces de admitir que este oficio necesita su reconocimiento, su marco legal, que no sea visto como una oportunidad de recaudar más impuestos sino como una forma de ser sinceros y estar a la altura de los tiempos que vivimos.

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En los informativos podemos ver casi cada semana que algún ayuntamiento intenta imponer alguna normativa para sacar las prostitutas de calles o carreteras, o que alguna banda dedicada a la trata de blancas cae gracias a la gestión de las fuerzas del orden.

Pero no vemos ni de este ni de ningún gobierno desde la llegada de la democracia que se tomen medidas a nivel nacional, que se brinden soluciones.

Algún falso pudoroso puede argumentar que no se puede legislar o legalizar un trabajo donde las personas viven de su cuerpo a esos les pregunto qué pasa con las modelos que lo hacen, que pasa incluso con el mundo del deporte donde las personas comercian con su cuerpo.

Pueden decir que no es lo mismo un deporte que un acto sexual a cambio de dinero y ahí también se equivocan, a no ser que seamos hipócritas y le demos a estos servicios el nombre de relajación terapéutica por ejemplo.

A nadie se le escapa que la prostitución es para muchas personas una solución, tanto para hombres como para mujeres, existen personas con dificultades para relacionarse y eso los lleva a no tener sexo de forma normal por tanto acceden a través de un intercambio comercial, sexo consentido a cambio de una suma de dinero.

Les pasa a mujeres y a hombres que quizás no tengan ni tiempo ni ganas de tener una relación “normal” con otra persona y por ello buscan satisfacer sus necesidades accediendo a usar el oficio más antiguo del mundo.

Mientras sigamos mirando a otro lado lo que hacemos es fomentar la promiscuidad, el abuso de las bandas dedicadas a la trata de blancas, al maltrato o violencia de género y también a la propagación de enfermedades de transmisión sexual.

Y seguimos quedando legalmente sin darles no una solución sino un trato justo y humano a las personas que ejercen la prostitución.