Las últimas elecciones europeas han traído el auge, en muchos casos inesperado, de nuevos partidos políticos que llegan con ideas que hasta ahora parecían excluídas del panorama político español. Pero la crisis es lo que tiene, que la desesperación es tal que lo inimaginable empieza a hacerse plausible. No es sólo una cuestión de política, sino que atañe a otros muchos campos. Así cabe entender, por ejemplo, el auge que en estas circunstancias suelen tener las recetas mágicas, religiosas, pseudoreligiosas, atajos (si los ilustrados levantaran la cabeza...) que en circunstancias normales serían vistos con sorna condescendiente. Como poco.

Pero ahora no.

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Ahora todo vale, o eso parece al menos. Y hete aquí que nos encontramos con apuestas de riesgo. La gran sensación del momento, el Podemos (vaya nombre. Un poco más de imaginación, por favor) de Pablo Iglesias llega sin ningún complejo. No hablemos ya de su pretensión de cambiar el sistema, y sus alusiones a cuando detenten el poder (ya se sabe, dijeron que venían a cambiar el sistema y el sistema se echó a temblar), sino que si echamos un vistazo a sus medidas cuesta encajar en el orden lógico que sería deseable que las contuviera.

Semana de 35 horas, con el mismo salario, suponemos. Jubilación a los 60 años, con la misma pensión, insistimos. Salario mínimo para todos, trabajen o no, que alguien pagará, presumimos, y la medida estrella. No pagar parte de la deuda, algo que los acreedores celebrarán entusiastas como una contribución a la justicia social y al buen rollito.

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Hombre Pablo, que tienes una carrera, varias carreras incluso. Está bien que a los espectadores de esos programas a los que vas intentes convencerles, e incluso lo consigas, como parece que has conseguido, pero un poco de rigor para aquellos que seguimos creyendo que pensar es una tarea digna y que debe ejercitarse siempre que se pueda. No estaría mal algún estudio detallado sobre cuánto cuesta esto y quien lo paga, si es que alguien puede pagarlo. Y lo de la casta es resultón, efectivo, no lo vamos a negar, pero ya, vale, la casta, ¿y qué más?

Ay ay ay... #Unión Europea