Me costaría mucho trabajo, hace tan sólo un par de años, imaginar que la situación de #Cataluña pudiera haber llegado al punto donde se encuentra ahora mismo. Los dirigentes nacionalistas catalanes no han sabido controlar una bola de nieve que, actualmente, es demasiado grande y avanza por una pendiente demasiado pronunciada.

Aunque no puede atribuirse la culpa de lo que está pasando en exclusiva a ellos, sí son los máximos culpables por propiciar la situación, pero han contado con la inestimable ayuda de gobiernos y oposiciones españoles que, con extrema torpeza y muy poca amplitud de miras, han contribuído a que el morlaco nacionalista siguiese el recorrido de la #Independencia.

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El primer orientador fue el gobierno buenista y excesotolerante del PSOE con Zapatero a la cabeza que, en un alarde de irresponsabilidad sin precedentes, puso el primer capote en la dirección soberanista al proclamar que aceptaría cualquier cosa que viniese del parlamento catalán. Cuesta entender cómo todo un gobierno de un país del primer mundo con un considerable peso específico pueda adoptar esa postura sin calcular los riesgos.

Los riesgos eran claros y lo previsible pasó, el insaciable y desleal nacionalismo elaboró un estatuto para Cataluña que contenía puntos inaceptables.

Hubo que recular, con lo que ello significa, cuando ya has prometido que vas a dar la bolsa de caramelos queda muy feo decir que sólo das media.

Para terminar de arreglar las cosas, apareció el partido opositor, con la política conciliadora que le caracteriza, y llevó el texto aprobado en el parlament al constitucional.

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El sentido de Estado que caracteriza a este partido es enorme, pero sólo si nos referimos a lo que ellos entienden exactamente qué debe de ser el propio Estado, sin fisuras ni concesión alguna.

Las reacciones en Cataluña no se hicieron esperar, se generó una ola de indignación popular que, convenientemente envuelta en la bandera cuatribarrada estelada, tomó las calles de Barcelona en loor de multitudes. Llegaba el momento de capitalizar esa marabunta y el Sr. Mas decidió echar el órdago y convertirse en el caudillo que abanderase a todos esos nuevos entusiastas de la independencia.

Con la fuerza que le daba la vorágine popular soberanista, el amigo Artur solicitó unas nuevas condiciones económicas para su región a las que el gobierno central dijo que nones. Y dijo que nones por que tras Cataluña, todas las demás regiones podrían terminar pidiendo lo mismo.

El nacionalismo vendió esto como una nueva afrenta y sacó toda su artillería populista con sloganes tan repugnantes como el "España nos roba" que calaron en parte de la población que comenzaba a ver en la independencia la solución a todos sus males.

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Por que males había y muchos; copagos, paro, corrupción, deterioro de la sanidad y la educación, ..., aunque esta maravillosa cortina de humo envolvía todo en fondo amarillo con barras rojas y estrella. Jugada maestra.

Pues no, jugada "tiro por la culata" puesto que muchos de aquellos que habían abrazado con entusiasmo el sentir independentista, prefirieron la opción separatista de siempre a la que proponían los convergentes y unionistas que acababan de subirse al carro. En consecuencia, gran parte de lo que Mas había generado, lo capitalizó Esquerra tanto que, una formación hace no mucho tiempo minoritaria, ha pasado por encima de las dos fuerzas catalanas tradicionalmente predominantes PSC y CIU.

Ya lo dijo un crack del nacionalismo, unos mueven el árbol y otros cogen las nueces.

Lo del PSC merece capítulo aparte, una jaula de grillos sin orden ni concierto en la que se defienden proyectos absolutamente incompatibles, un canto a la incongruencia que traspasa las fronteras catalanas para explotar en toda España para regocijo de los populares que tienen el rival que todo el mundo querría tener.

Lo peor de todo es que, a fecha de hoy, las posturas son poco menos que irreconciliables, no sabría decir qué encaje de bolillos tendrían que hacer los gobiernos autonómico y nacional para poder salir de ésta sin que uno de ellos quedase como vencedor y otro como vencido.