Cada mañana el mismo trayecto. Puedo decir sin exagerar que ya he experimentado todos los climas posibles y eso sólo en el mes de junio. El sol ha llegado a quemarme la nariz, la lluvia me ha calado hasta la ropa interior y el viento se ha llevado las hojas de publicidad callejeras que con tanto esmero parezco coleccionar. Y cada día el mismo camino. Un camino que se muestra impasible a las desavenencias climáticas, ajeno al tráfico y a los policías que controlan su flujo a la altura de Cibeles y mucho antes ignorante de la suntuosidad del hotel Palace o de las teorías alienígenas de la Iglesia de la Cienciología, cuya fachada esconde tantos emblemas que más bien me parece un jeroglífico, un reto a mi imaginación.

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Que si el camino se hace andando debemos apresurarnos, que no puedo llegar más tarde de las diez. Una última mirada atrás, sería injusto no mentar a la única planta, no digo cara digo planta, que se repite entre todos los desconocidos de este gigante urbano que veo despertar entre semana. Digo planta, no me equivoco, nunca he visto su rostro pero a fuego, quizás de ahí surgen las cenizas que ennegrecen sus pies, están grabadas sus plantas en mi memoria. Pasando Neptuno, nada más girar la misma esquina del Congreso, hay siempre una señora, tampoco podría asegurarte que sea la misma, tendida en el suelo, tumbada boca abajo, siempre escondiendo la cabeza, lo único que destaca es el color tizón de sus pies descalzos. Me produce tristeza percatarme de que lo que una mañana pudo aguijonearme la conciencia, hoy se diluye hasta formar parte del paisaje urbano.

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Y yo sigo sin pararme e incluso casi sin mirarla puedo esquivarla de un salto, y a veces hacen eco en mi cabeza titulares ya caducados, olvidados, como "España es el segundo miembro de la Unión Europea con el mayor índice de pobreza infantil" que recogía los datos del último informe de Cáritas o el las cifras que difundía la Fundación Tomillo estos últimos días, "El 23% de los cerca de 13 millones de personas que se encuentran en España en riesgo de pobreza o exclusión social tiene trabajo pero son incapaces de salir de esa situación", es decir, que aún teniendo trabajo no tienen calidad de vida, no tienen suficiente dinero ni para sobrevivir a principio de mes.

Pero... Ahora que "Mujeres, Hombres y Viceversa" interrumpe su emisión para anunciar la abdicación del rey con el correspondiente enfado de su horda de fanáticos, que esperaban ansiosos su ración de líos de faldas. Ahora que queremos una república. No, una monarquía. No, un referéndum. No, mejor la independencia. No, ellos no pueden elegir. No, aquí Podemos todos o nada. No, definitivamente no. Y, sobre todo, ahora que ya empieza el Mundial... ¿a quién puede importarle que la pobreza en España se cronifique? Obviamente, esas noticias no las quiere leer nadie. #Mundial de Brasil