Recuerdo cuando antes teníamos la peseta. Los “duros”, como los llamábamos. Había tiendas donde todo costaba 100 pesetas, 60 céntimos al cambio.

Quizá para los inversores, para los que viajaban mucho y para los empresarios, además de para los que compraban mucho al extranjero, el euro fuese una bendición, pero el pueblo no se lo tomó así como así. Los precios se inflaron enormemente, y las cosas que costaban 0,60€ pasaron gradualmente, por “redondeo” a costar 1€ (166 pesetas).

A la gente le costó un poco aceptar el cambio. Al principio, todo el mundo estaba unido a la peseta y nos esforzábamos por hacer las cuentas, o por tener una tarjeta con las conversiones más comunes a mano. Lo curioso es que, mientras que los precios se “redondearon”, con una considerable subida, los sueldos se mantuvieron con unas conversiones exactas de cuanto eran, lo que significó un considerable aumento de los precios casi de la noche a la mañana.

No obstante, el euro trajo sus cosas buenas. La moneda única de la zona euro sirvió para unificar económicamente a España con otros países como Francia o Alemania. De repente, las aduanas entre los países más próximos se abrieron, y nació un nuevo tipo de comercio, uno mediante el cual no habría problema alguno si pidiésemos artículos a otros países de la unión europea, en lugar de tener que estar pagando tasas de aduanas o esperando el tiempo que fuese a que llegasen a casa.

Entre esa apertura y la nueva facilidad de importación y el advenimiento de las nuevas tecnologías, era cuestión de tiempo que creciese un nuevo mercado de productos importados, y también cuestión de tiempo que el consumidor aprendiese a evitar el “redondeo” encargando según qué artículos fuera de España. La moneda única permitió comprar directamente a través de Internet a otras naciones que ofertaban unos productos completamente diferentes a los nuestros a unos precios competitivos, con unos envíos comparativamente veloces.

¿Mereció la pena sufrir el “redondeo” y la subida de precios a cambio de acceder a un nuevo y colosal mercado? Sí. Más que de sobra. Pero ojalá los sueldos se hubiesen puesto también a nivel europeo.