El tacón es una especie de creencia cultural, se va a mantener ahí mientras millones de humanos sigan idolatrando su imagen. Su origen parece encontrarse en antiguas civilizaciones de Oriente medio, en concreto, los jinetes usaban ese tipo de diseño para cabalgar con más facilidad al encajar así con los estribos; de manera que el género masculino fue pionero en el uso de tacones.

Luis XIV dio un gran impulso a los zapatos de tacón, con la colaboración del zapatero Nicholas Lestage, en este caso, se convirtió en un distintivo de clase, para la aristocracia, a mayor altura del tacón, mayor rango social, muy lógico.Y como algunos imitadores de las clases altas se apresuraban a copiar esos modelos de estilo, el rey llegó a combatirlos con un edicto, para convertirlo en algo exclusivo.

En el S. XXI no han cambiado demasiado las cosas, aunque ahora es más bien una imposición para las mujeres, cuando se trata de ir elegante; Nicolás Sarkozy se apuntó a la moda de Luis XIV, luciendo buenos tacones, y muchos otros famosos también.

La tendencia en alza hacia el calzado ergonómico quizá llegue a un punto en que se haga evidente que un pie sano sin juanetes (ni el resto de deformidades que producen los tacones excesivos), es más elegante, en realidad. Eso, si se empieza a valorar más el contenido que el envoltorio. La costumbre lo es todo, cuando se trata de cuestiones de modas, y a veces, cuestiones de gustos.

De momento, la cultura del envoltorio reina victoriosa mientras el contenido es ignorado escandalosamente, más allá de la moda, la apariencia lo es todo... en una presentación no importa la calidad del individuo, más bien, su traje o su vestido. El vestido es toda la elegancia. De poco han servido las sabias palabras de Audrey Hepburn en este tema, ("La #Belleza de una #Mujer no está en la ropa que usa, la figura que lleva, o la forma en que peina su cabello"). La elegancia no es ponerse un zapato que perjudica la salud, ni se es más atractivo por ir con tacones, es posible ir más allá de la programación cultural.

Sin llegar al extremo de la tradición china de vendar los pies a las mujeres desde niñas, esta tortura de nuestra cultura, los tacones, son otra costumbre que desaparecerá con el tiempo. Hagamos que el sentido común prevalezca frente a modas que causan tantas lesiones.