En el sur de Gales hay una ciudad aburrida, repleta de nostalgia y de rabia llamada Merthyr Tydfil. Alguna vez supo ser la ciudad más poblada del país y una de las históricas cunas de la revolución industrial. Hoy en día esa pujanza se ha perdido en forma irreparable. Muchas fábricas suman varios años cerradas y buena parte de su población sufre hace tiempo un desempleo que parece haberse convertido en una costumbre. En 2006 fue elegida como el sexto peor lugar para vivir en Reino Unido. Para 2007 había escalado a la quinta posición.

Ese medio tan desventajoso parece haber sido el caldo de cultivo perfecto para una de las bandas revelaciones de la actualidad.

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Pretty Vicious es una banda adolescente, ácida, nihilista, peleonera. Es la perfecta forma de expresión para una generación nacida y crecida en un suburbio marginal.

En el vídeo de su arrolladora canción Cave Song puede verse a esos chicos. Entre las muchas imágenes del video, entre las que hay cameos de palomas muertas, niños fumando, otros robando autos, invadiendo propiedad privada o escapando de la policía; hay dos que definen de mejor manera su situación diaria: en la primera un chico da vuelta sus bolsillos para mostrar que están completamente vacíos; en la segunda, repetida muchas veces, uno o más chicos muestra su dedo medio a la cámara o a las cámaras de vigilancia de la ciudad.

Aun así, a pesar de todo, los chicos aman su ciudad, sus raíces. “Amo Merthyr porque a partir de nada surge algo hermoso”, cuenta Brad Giffiths (vocalista).

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“Uno se cansa de vagar y de hacer nada. Lo que se puede hacer es meterse en las drogas y la bebida, o agarrar una guitarra y formar una banda”.

El propio Griffiths tomó la segunda decisión. Con una guitarra barata comprada apresuradamente convenció a  Thomas McCarthy (guitarra), Jarvis Morgan (bajo) y a Elliot Jones (baterista) de formar una banda. Para ese entonces Jones tenía catorce años y los otros tres integrantes dieciséis. Después de algunos shows y de subir algunos un demo a Soundcloud se dieron el lujo de decirle que no a #muse cuando les ofrecieron una gira conjunta que hubiera sido sorprendentemente su quinta presentación. Creyeron que no estaban listos todavía, tomaron la sabia decisión de no saltearse pasos.

Hoy Jones tiene dieciséis y los demás dieciocho. Pero su corta edad no ha sido problema para que firmen con Virgin-EMI después de tener el lujo de considerar sus opciones. A partir de un puñado de canciones en Internet, el medio predilecto para los cazadores de talento de hoy, las ofertas empezaron a lloverles a los dos sorprendidos managers, que también son dos de los padres de los chicos.

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Su ansiado primer disco se hace esperar pero promete ser un éxito de antemano. Los temas disponibles de los chicos en Youtube y su propia página hacen que las comparaciones se barajen en forma indiscriminada. Todas son falaces. La definición más eficaz sería decir que Pretty Vicious ha tomado la posta del #punk rock más rabioso para escupir en la cara del mundo.

Sus canciones son poderosas, rápidas, imparables. Hablan de lo que ellos conocen: vagar por las calles sin sentido, patear las esquinas arrastrando los pies, sin esperar nada ni a nadie. El sonido es crudo, letal. Parece que llevaran décadas tocando juntos. Tienen un envidiable sonido en vivo donde logran transponer su rabia primigenia e inspirarla en el público.

Hoy por hoy son la promesa más concreta que existe. Lo que nos queda mientras esperamos su disco es deleitarnos con sus canciones. Que no te lo cuenten, es mejor experimentarlo uno mismo, encerrarse con la música de los cuatro de Merthyr Tydfil y ponerse a patear las paredes con la rabia que ellos te prestan por un rato. #prettyvicious