La imagen del hombre infiel y la devota #Mujer esperando de los nervios en casa cada vez es más rara de ver. No sólo porque cada vez haya menos mujeres que esperen la felicidad sentadas en su salón; sino porque según recientes estudios entre el 50% y el 60% de las mujeres han sido o son infieles a sus parejas. Ahora los que deberían sentarse a esperar ansiosos son ellos.

El cambio social, emocional e intelectual que ha sufrido la mujer en el último siglo nos ha hecho igualarnos al género masculino en muchas cosas; como se dice "todo lo malo se pega"; y si bien la diferencia salarial aun es abismal, la debilidad ante un affaire está muy igualada.

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La mujer infiel actual tiene un estándar: treintañera, con estudios superiores e independiente.

Dichos estudios y, al margen de la crisis y la diferencia de sueldo, la capacidad de desempeñar puestos importantes y bien remunerados nos ha permitido controlar nuestra vida, no depender de ningún hombre para nuestra manutención. Nuestras antepasadas eran criadas y educadas para ser amas de casa, cuidadoras de niños y devotas y dóciles esposas; faltar o contradecir al marido no suponía una opción, pues la alternativa, el divorcio o separación, suponía la imposibilidad de mantenerse. Hoy nosotras sufragamos nuestros gastos y caprichos. Y la pareja la elegimos sólo por un sentido romántico, no económico. Buscamos un compañero de vida, no un cajero automático andante.

Aún quedan restos, pero afortunadamente cada vez menos, de la "vieja de los gatos".

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Una mujer soltera por elección generaciones atrás era impensable. Pero hoy, donde nosotras elegimos la edad a la que queremos ser madres, en caso de que queramos serlo; la edad de emparejamiento "definitivo" (ya sean parejas de hecho, matrimonios o noviazgos) se ha retrasado. Pero ese recuerdo de "la solterona" hoy se ve como una mujer independiente y segura de sí misma que no se conforma con cualquier cosa, lo que no le gusta lo deja o no lo coge.

Y esto viene de la mano con la liberación sexual. Ya no somos cuerpos inertes que se dejan hacer lo que el hombre quiere cuando él quiere. Ahora sabemos lo que queremos, cuando y como. Y si no lo tenemos lo buscamos, dentro o fuera de casa. Porque aunque se diga lo contrario, el sexo es importante, y queremos disfrutar de él.

La agitada vida social que llevamos, la ausencia de convivencia en común (y por lo tanto de muchas explicaciones) y la normalización de las amistades entre géneros hace que en la actualidad sea más fácil mantener una relación a tres bandas sin levantar muchas sospechas.

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y si las levantamos, para bien o para mal, las mujeres mentimos mejor, además de pensar y calcular todo más. Buscamos la jugada perfecta.

Todas estas razones son perfectas, pero sufrimos una, quizá, metida en nuestro subconsciente de rosas y corazoncitos que no nos lleva por un buen camino. Libros, películas e historias de la "amiga de una amiga" nos han convencido de que debemos buscar el amor rematador que nos haga sentir  felices y completas. Pero el destino es tan puñetero que lo mismo nos cruzamos con nuestra media naranja mientras estamos con otro y ¿cómo saberlo si no probamos? ¿y si estamos dejar al amor de nuestra vida? Algo que aún varía es que nosotras nos tomamos las infidelidades de forma más seria tanto afectiva como psicológicamente, no son sólo saltos de cama en cama.

Así pues, hombres, tened cuidado, que el alumno ha aprendido del maestro e, incluso, le ha superado.