Cuidó vacas en la montaña de Suiza. Así comenzó todo, con las 92 vacas. A la temporada siguiente, y animado por su cuñado que es suizo, Carlos Mahugo regresó a la montaña y sustituyó dos meses a un chico en el mismo trabajo. Después lo hizo durante tres años más. “Aprendí francés y fue un trabajo precioso”, recuerda ahora, una veintena de años después.

En Venezuela hizo malabares para sobrevivir. “Llevar tres masas a la espada me permitía estar más cerca de los artistas de calle o incluso quedarme en una residencia de artistas”, señala. “Ver cosas fue sembrando en mi cabeza y después todo aquello lo he utilizado”, añade.

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Logra, pese a las dificultades de vivir en lugar insular, las islas Canarias, vivir de su trabajo, un trabajo que sabe diferente. “Siempre hay quien no ve serio este trabajo”, lamenta Mahugo, que añade además como dificultad las complicaciones de ser autónomo. “La demanda no ha disminuido tanto, pero sí que te regatean más los precios”, explica. “Algunos adultos, tanto ahora como hace diez años, no entienden que ser payaso es un trabajo difícil, y cuando le dices que te dedicas a ello, no se lo creen”. #Animación #Cultura Canarias