Un nuevo año acaba de abrir sus puertas ante nosotros. Frente a estos nuevos 365 días miles de propósitos se amontonan en cada hogar, en cada persona. Son muchos los que dicen que a final de año hay que proponerse un proyecto para cada mes. Pero la pregunta del millón es la siguiente: ¿Cuántos se acaban cumpliendo en realidad?

Sí, una intención de inicio de año es esa dieta que cuesta tanto empezar y que acabas iniciando o cada semana o a principio de cada mes.

¿Por qué cuesta tanto cumplir con los propósitos que nosotros mismos nos marcamos? ¿Qué es lo que no hacemos bien? ¿Cómo habría que plantearlos para poderlos llevar a cabo?

Lo peor que hacemos es tomar nuestras listas de proyectos a final de año, concretamente entre el 30 y el 31 de diciembre, cuando el fin del año nos hace ver ya las manecillas a la contra.

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Sin embargo, eso es lo peor. ¡No se deben tomar decisiones in extremis! ¡No somos artificieros! ¡No somos actores de películas de acción tratando de salvar el mundo! ¡No somos salvadores!

Lo primero de todo antes de redactar esa lista con los doce planes para el nuevo año, es hacer balance de uno mismo: ¿Qué deseo? ¿Hacia dónde voy? ¿Dónde estoy? ¿Hasta dónde quiero llegar?

No es fácil responderse uno a sí mismo estas preguntas y lo mejor de todo es tener tiempo, no tener prisa y tomar las decisiones acertadas.

Lo mejor que podemos hacer es ponernos nosotros un día mentalmente para empezar a vislumbrar las respuestas a todas esas preguntas que no somos capaces de discernir en tiempo de descuento.

Una vez respuestas, lo mejor es empezar a apuntar que anhelamos para el nuevo año indistintamente si estamos en enero, febrero, en marzo o en abril.

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¿Qué deseo yo para el 2016? ¿Qué es una locura? ¡Bien! Puede, pero lo peor de todo, para que lo veamos claro, es que llevamos años y años redactando proyectos personales para el nuevo año que nunca se ha cumplido. ¿No es más rocambolesco y alocado seguir haciendo listas que no van a ningún lado?

Dejemos las listas de perder kilos, leer un libro a la semana, ir al gimnasio tres veces por semana, ayudar más a mis hijos, pedirle el divorcio a mi marido, hablar con mi mujer sobre nuestra nefasta vida sexual, decirle al jefe que ya es hora de un aumento de categoría o de sueldo, cambiar de trabajo, hacer un viaje, ahorrar para los gastos imprevistos, meter dinero en una hucha cada mes, estudiar inglés (o francés, o alemán o italiano), aprender a hacer sudokus, etc. ¡Fin de las listas que no se cumplen jamás!

Para el nuevo año, no el 2015 sino el 2016, hay que empezar a redactar las lista sin prisa desde ahora y sobre todo tener el valor de mirarnos frente a un espejo y hablarnos a nosotros mismos.

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¡No hay que tener miedo! ¡Se acabó el temor a conocernos! ¡Se acabó el miedo a necesitar a los otros para elaborar nuestras propias metas!

Hoy ha empezado un nuevo año con miles de oportunidades para poder conseguir lo que deseemos o para volver a dejar una hoja de papel con planes una vez más al fondo de un cajón cualquiera. ¿Qué necesitas para empezar a cambiar tu vida? Conócete y da el paso hacia el camino correcto. Sólo te llevará un poco de tiempo estar a solas contigo mismo y quién sabe si al final agradezcas no haber sido como los demás pensando de antemano lo que anhelas de verdad. ¡Feliz año nuevo 2015!