Cuando de pronto hoy has descubierto que ayer te subías sin temor a la silla y te bajabas de un brinco sin miedo a caer y romperte en mil pedazos, y hoy has pedido ayuda para baja, seguro ¡te ha entrado el pánico! pues has descubierto que los años han llegado. Y entonces hoy, así de sopetón descubres que necesitas hacer más ejercicio, comprarte cremas para rejuvenecer, un seguro de gastos médicos mayores, uno de gastos médicos menores, uno de vida, uno de muerte…. y uno que abarque cirugías plásticas… Porque hoy la angustia que te he generado mantenerte joven es superior a todo. Hoy necesitas huir del envejecimiento como si fuera una plaga, y quizá has perdido de vista que el objetivo final no debería ser vivir más… sino mejor.

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El ser humano es la única especie del planeta para la cual la idea de envejecer representa un verdadero problema. “Vivir es envejecer… y nada más”, sentenciaba la escritora Simone de Beauvoir. Sin embargo, para nosotros es muy complicado estar listos para llegar a una edad madura y disfrutarlo, y “solo la sabiduría puede ayudarnos a aceptar con tranquilidad nuestro destino”, dice la escritora.

El mito de la eterna juventud, presente en todas las culturas humanas, implica el deseo de prolongar la vida en su periodo de máximo vigor y frescura. Pero la noción de “vejez” no ha significado siempre lo mismo, ya que a lo largo de la historia ha sufrido cambios.

Según Margarita Olvera y Olga Sabido, investigadoras de la UAM Azcapotzalco, coautoras del trabajo Un marco de análisis sociológico de los miedos modernos: vejez, enfermedad, muerte, la esperanza de vida en la Edad Media era de entre 35 y 40 años. Sin embargo, en el siglo XIV la Gran Peste de Eurpa hizo descender este promedio hasta 22 años.

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Ante los desastres, las guerras y las enfermedades llegar a viejo era un logro poco común.

Hoy la esperanza de vida va de 65 a 80 años, según la Organización Mundial de la Salud, y para el año 2050 los ancianos pueden ser casi un 25% del total de la población nacional, proyecta en Consejo Nacional de Población.

Para Lidia Agazzi, psicoanalista y presidenta del Círculo Psicoanalítico Mexicano, en la sociedad “una mujer vive diferente la vejez a un hombre. Incluso las preocupaciones de son distintas dependiendo del sector social al que pertenece” por ejemplo, mientras una personas} de clase media-alta tiene preocupaciones de tipo narcisista durante la vejez, las mujeres de bajos recursos se preocupan por sobrevivir, combatir enfermedades y buscar dinero para sus medicinas, explica la especialista.

Pero entonces, ¿es posible aceptar y disfrutar la vejez? “Sin duda, sí”, dice Teresita Artigas, directora del Área Pedagógica del instituto Mexicano de Tanatología. “Debemos aprender a renunciar a esa antigua imagen de nosotros y abrazar con dignidad y cariño la nueva que aparece.

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Hay que despedirnos de nuestra cintura, de la figura erguida y de nuestra perfecta visión, pero hay cosas buenas que se obtienen a cambio”. Entre ellas está la experiencia, liberarnos de la tiranía de la delgadez y tener la oportunidad de cumplir proyectos antiguos y vivir sin prisas.

Una clave para enfrentar el envejecimiento radica en vivir al máximo cada dúa, pero desde la juventud. Para la psicoanalista Agazzi, aceptar los límites naturales del tiempo y mantener activa la mente ayuda a disfrutar la vejez: “Sin duda las que viven mejor el envejecimiento son las que tienen vida social, conservan universos más amplios que el familiar y no se cuidan al extremo de que eso signifique dejar de disfrutar las cosas”. Por eso, los consejos del tipo “date masajes reductivos” y “ponte mil cremas” pueden estar lejos de una vejez plena.

El humano se extravía cuando piensa que de lo que se trata es de vivir más. Ese no es el objetivo, sino vivir mejor. ¿Y cómo se logra? Vivimos mejor si mantenemos nuestros lazos sociales con quienes nos rodean y disfrutamos de nuestro presente, aunque en él esté implícito hacernos viejos.