Si pudiera calcularlo en siglos, eso sería, exactamente, el tiempo que llevo sin pisar un hipermercado. Esos que te venden lo que no necesitas y por los que deambular se convierte en una auténtica pesadilla. Pasillos, a modo de laberinto, por donde te pierdes sin remedio y en los que, llegar a la zona de los azúcares, por poner un ejemplo, te supone recorrer metros y metros, empujando ese carrito que insiste en irse hacia un lado. Esto añadido a la pérdida de tu precioso tiempo.

Uno de los regalos que he recibido, por parte de unos amigos, ha sido una tarjeta regalo de uno de estos lugares donde me resulta fácil entrar en paranoia.

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Tenía que agotar todas las posibilidades y, en un intento, para que ese dinero me fuera reembolsado y gastármelo donde a mi me diera la gana, como era de esperar, recibo una negativa. Como quiera que necesitaba llenar mi nevera con lo más básico, me armé de valor, respiré hondo y para allá que me fui a las tres y media de la tarde, cuando se supone que todo está más tranquilo. Llevaba el estómago lleno a conciencia, de lo contrario, seguramente, hubiera cargado con alimentos que ni siquiera son de mi uso habitual. Pero, estas multinacionales, conocen muy bien las múltiples estrategias a seguir, para que no tengas escapatoria.

Una de ellas, como podrás comprobar la próxima vez que vayas es que la entrada siempre se encuentra muy alejada de la zona de los alimentos básicos, siempre al fondo, de modo que te ves obligado a recorrer todo el supermercado.

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Un acceso más próximo a estos alimentos les haría perder dinero, porque todos los productos que se encuentran a lo largo de los metros que te obligan a recorrer pasarían desapercibidos.

¿Qué me decís de los precios? Al final, te aburres, intentando comparar cual es el más conveniente. Te dan a elegir entre dos formatos diferentes del mismo producto. Por ejemplo, envases de un litro o de dos. El juego consiste en no llegar a una cifra exacta, quiero decir, sin incluir céntimos. Si compras el formato más grande, que es de lo que se trata, no creas que te va a salir más rentable: 1 litro, 4,99, 2 litros, 8,89. ¿Dónde ves el chollo? Para estar seguro de que lo que vas a elegir sea lo más conveniente para tu bolsillo, deberías ir con una calculadora en la mano. Yo lo he hecho en aquellos tiempos remotos, cuando pisaba semejantes lugares.

Las estrategias son innumerables y, especialmente, en fechas como en las que nos encontramos y donde, sin ningún escrúpulo, juegan inmisericordes con las emociones obligándonos a consumir más y más. Si algún día no tienes nada mejor que hacer, a modo de investigación, comprueba por ti mismo tan alienantes montajes. Yo, ayer, conseguí salir indemne y tan solo con lo que necesitaba. Tú también puedes. Todos #Podemos. No viene mal ir despertando.