Suprimirte para no ser la protagonista de tu propia vida y dejar el poder en otras manos es resultado de una relación de manipulación. Sin embargo, no es fácil registrarlo para quien no lo vive en carne propia. Las maniobras de alguien que la ejerce son tan sutiles para la víctima que cuesta mucho trabajo notarlas, lo peor es que puedan dañarla física, emocional y mentalmente sin que se dé cuenta, ya que crean confusión.

A detalle

En su libro Vidas sometidas, las autoras Gloria Husman y Graciela Chiale afirman que la manipulación es el hecho en el que una persona doblega la voluntad de otra en beneficio propio. Todos en algún momento de nuestras vidas utilizamos estrategias de manipulación; sin embargo, “si esta se convierte en el patrón fijo o predominante de las relaciones afectivas, la situación se torna peligrosa.

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Se convierte en un abuso interpersonal”. Y es que un manipulador es una persona que piensa en su propio beneficio antes que en el de los demás, sólo le interesa él mismo desde su ego. Lo importante es lo que él quiere y cómo lo va a obtener y cualquier medio es válido. Además lo ve como un mundo de vida”, afirma la psicoterapeuta Blanca Almeida.

Inician una relación con otra persona y tratan de imponerle su propia visión de vida, y determinar lo que esta deba sentir, pensar y actuar. Utilizan el vínculo afectivo para satisfacer sus propias necesidades.

¿Quiénes son vulnerables?

Las escritoras Gloria Husman y Graciela Chiale afirman que quienes tienen más predisposición a ser presas de los engaños de un manipulador son personas que:

  • Pasaron por una infancia traumática o difícil.
  • Tuvieron una educación castrante y represiva.
  • Sufrieron abandono emocional de los progenitores.
  • Perdieron a uno de sus padres a temprana edad.
  • Pudieron haber transformado su sufrimiento en una distorsión de la empatía y adquirieron una exagerada tolerancia hacia los demás.

En su afán de sentirse dignas y amadas piensan que es necesario ser complacientes en todo, sienten miedo a ofender, desagradar o herir, se vuelven sumisas por miedo al rechazo, se culpan de todo y tienen dificultad para poner límites.

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Una esperanza

Es importante que la persona que se encuentra encadenada a una situación así sepa que hay una salida. Pero es necesario que reconozca que como cualquiera tiene debilidades y fortalezas y que requiere asumir la responsabilidad de trabajar en su propia autoestima. Para ello necesita:

Aceptar lo que es. Aprender a poner límites. Cambiar hábitos que le hacen mucho daño. Aprender a autovalorarse.

Existen terapias y grupos de reflexión y autoayuda que pueden acompañar este proceso. Aunque nunca llegará a ser perfecto, es importante renovarse y repararse a sí mismo para lograr una auténtica aceptación y superación.