Durante muchos años, solo se contó con la experticia de alguno de los progenitores -preferentemente la madre -quienes alertaban que, ante una picadura de un mosquito, rascarse no haría más que agravar la situación. Si se hace memoria, la sentencia era desoída y el movimiento de dedos veloces parecía no ceder, hasta que, minutos más tardes, vencidos por la picazón, se abandonaba la tarea para dar paso a lo dicho por la voz de la experiencia. No se sabía a ciencia cierta por qué sucedía, pero el milagro ocurría: la desesperante sensación ya no estaba. La solución ya se conocía, lo que hasta el momento faltaba era su explicación, y justamente de ello se encargó un grupo de investigadores del Centro Universitario para el Estudio del Picor, en Whashington.

Anuncios
Anuncios

Detalles de la investigación. Los científicos, entre los que se encuentra Zhou-Feng Chen -uno de los responsables del estudio -, observaban que el ciclo del rascado respondía exactamente a lo que la sabiduría popular exponía: a mayor rascado, más picor. Partiendo de esta base, se dedicaron a observar qué otras consecuencias se producían durante este tipo de eventos. Así, descubrieron que al rascarse, se provocaba pequeñas cantidades de dolor. El dolor, según explican, activa la producción de serotonina, principal responsable de aliviarlo, pero también, según registraron ahora, de generar la sensación de picor. Esta sería la explicación al círculo "picazón-rascado-más picazón". Cuando una persona se rasca, como consecuencia también experimenta pequeños dolores. De inmediato, el cerebro da cuenta de este estado y libera serotonina para calmarlos, que a su vez, activa otras neuronas responsables de aumentar la sensación de picor.

Anuncios

La prueba se llevó a cabo en ratones, algunos modificados genéticamente (no portaban los receptores de la picazón), a los que se les inoculó una sustancia causante de comezón. Los resultados, ahora detallados en Neurona, dan cuenta de que la serotonina es la principal encargada de que la comezón no se detenga si se continúa con el rascado.

Lo que la voz de la experiencia dictaminaba, ahora la ciencia lo corrobora. Ya sabes: si te pica, no te rasques. #Investigación científica