A raíz del discurso del #Papa Francisco puede ocurrir que algún feligrés caiga en la cuenta de que no se tiene que llevar hábito para ser Santo o Santa y, por ende, recibir los beneficios que ello comporta. La historia nos ha enseñado, que practicar la bondad y todos sus derivados comporta el beneficio correspondiente. La lástima es que esperen a que una persona esté muerta para reconocerle los méritos que en vida generó. Negar la santidad en vida, según esta la mano que escribe, equivale a depreciar la propia vida.

Lo mismo ocurre con depreciar la virtud ajena... Que la hay, y mucha. Por ende, reconocer sinceramente los beneficios que una persona aporta en vida a otra no es sino un motivo de reconocimiento inmediato que forma parte del feed back necesario para que un proceso constructivo pueda retroalimentarse a si mismo.

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De este modo, la santidad reconocida en vida da significado a una palabra que habitualmente usamos pero muy a menudo depreciada en el contenido de su propio significado: ¡Gracias!

Dar las gracias quizás sería significativo de darlas literalmente. Cuando alguien da gracias expresa su deseo de que la persona que ha practicado la bondad reciba de inmediato cualidades afines a la propia gracia. No entraré a valorar si son las gracias de Dios, o las gracias Budha, o de Alá... Porque en mi opinnión la bondad no sólo es inherente a toda #Religión, también lo es en el ámbito del ateísmo. Como denominador común, la bondad sincera es generadora de gracia, no obstante sin un reconocimiento en vida no es posible que la misma bondad pueda retroalimentarse por sí misma.

En el fondo todos necesitamos cierto reconocimiento del entorno, por duros o duras que parezcamos, algunos grandes esfuerzos merecen grandes recompensas; Y aunque parezca imposible, esperar algo a cambio es algo natural, por altruista que parezca su práctica.

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Así funcionan los empleos, con sus remuneraciones salariales. También ocurre lo mismo con las prácticas deportivas o artísticas que son remuneradas a veces con aplausos a veces con trofeos y a veces hasta con recompensas económicas.

Acotar la santidad al entorno de llevar sotana o estar muerto, rompe el denominador común que, para suerte de muchos, a veces habla por boca de Dios, Budha, Alá,y tantos otros nombres respetables. Nada más que decir... Bueno, quizás sí: Tan importante es ser bueno o buena en la vida como reconocer la bondad del prójimo. Ambas son las dos caras de una moneda que se llama Amor. A la frase de "haz el bien y no mires a quien" añadiría una de cosecha propia que vendría a ser: Reconoce el bien y mira de quien. #Iglesia católica