Tres adolescentes noruegos han contado en su blog las condiciones en que se encuentran al trabajar los empleados en las industrias textiles que hacen las ropas para marcas conocidas de las cadenas de ropa low cost como H&M y Zara. Lo descubrieron participando en una reality documental del periódico noruego Aftenposten, titulado Sweet Shop, sobre el gigante de ropa sueca H&M.

Las tres fashion bloggers fueron enviadas en Camboya, donde hay el hogar de una de las fábricas textiles que produce más ropas de la marca más conocida, para trabajar como las obreras de la citada empresa y por lo tanto se han dado cuenta de cómo estas personas viven, viviendo por poco tiempo en las mismas condiciones: alojamientos en ruinas, turnos de trabajo también de 16-18 horas al día, un salario muy bajo, las condiciones higiénico-sanitarias del lugar de trabajo precarias y sin ningún tipo de protección o de seguro sobre los posibles accidentes.

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Anniken Jorgensen, una de las tres chicas que participaron en el reality show, decidió decir toda la verdad, aunque le habían recomendado omitir algunos detalles y el mismo Aftenposten había censurado algunas partes del documental, pero la chica de 17 años ha querido desafiar a la empresa sueca y por lo tanto ha hecho sola una campaña de sensibilización a favor de los trabajadores textiles de Camboya, denunciando las condiciones reales sin omitir ningún detalle.

Gracias a Internet ha difundido la denuncia y se ha convertido en viral, así como el proyecto de boicot de H&M y sus ropas a las que muchas personas son aficionadas porque siguen la #Moda y sus precios son ventajosos para todo el mundo. La empresa en cuestión ha decidido encontrarse con Anniken en el hogar principal de Estocolmo afirmando que ha tomado medidas contra los establecimientos que empaquetan las ropas de H&M.

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Esto es lo que se oculta, entonces, detrás de estas grandes cadenas de distribución y, probablemente, esta es la razón por la cual estas ropas y accesorios tienen precios bajos, pero, es bien conocido que en los países del sudeste de Asia, millones de personas trabajan con sueldos muy bajos y en situaciones precarias y de explotación.