Filomena es una señorita de unos cuarenta largos, que vive con su padre y con su perro labrador. Se diría que tiene un trastorno antisocial. No se relaciona con nadie y todo le cae fatal.

La familia que vive al lado de esta persona, da el balcón en la misma dirección que el piso de Filomena. Y han visto que Filomena puso una esterilla para que nadie vea lo que hace. Otra actitud que ha tomado esta mujer, es que cuando saca a su perro labrador, es como que solo ella puede pasar con su perro y no otra persona. Claro que un día se topó con el hombre que vive del otro lado de su balcón que había salido también con su perro para pasearlo.

Espantada comenzó a gritar que el perro del vecino quería hacerle daño a ella y a su can, lo que le ha respondido el vecino: dígame una cosa vecina,¿ qué le hace la gente a usted, para que comience a los gritos como si alguien fuese a matarla y encima tiene el tupé de ser tan maleducada, que ni siquiera sabe decir un buen día o buenas noches cuando alguien pasa por su lado? ¿Por qué está tan enojada con el mundo? Esta se calló y salió furiosa del lugar.

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No puede ser que una persona relativamente joven, actúe de esa forma tan grotesca. La persona antisocial, piensa que el mundo está en contra de ella y actúan sin pensar en las consecuencias que ella provoca.

Claro que a modo de broma, se puede decir que lo que le falta a esa mujer antisocial, es un buen hombre que le cambie el humor. Pero es triste, que pudiendo disfrutar un poco de la vida y viendo cosas hermosas, no las disfrute por tener el carácter antisocial. No se puede vivir toda la vida amargada.

Es bueno que aprendiera a sonreír, a disfrutar de cada momento, de reírse de una misma, de ver lo hermoso que tiene a su alrededor para disfrutarlo con amigos, con familiares y hasta con desconocidos, que no es malo relacionarse con la gente porque nadie la está atacando, sino que es ella misma quien debe tomar una decisión firme de cambiar su actitud para con ella y el mundo que le rodea.