Todos sabemos que la industria alimenticia tiene sus propios fines, algunos más y otros menos alejados de conceptos como "saludable", "sano", "nutritivo". El negocio de la comida es amplio y variado y, además, desconocido por los simples consumidores, pues no solo se ignora la cantidad de dinero que mueve, sino que tampoco se sabe a ciencia cierta qué se ingiere, en qué volúmenes, de qué calidades. La llamada "comida chatarra" parece liderar el podio de los peores alimentos, sin embargo, existen muchos otros que son iguales de perjudiciales pero que se camuflan bajo el disfraz de una buena campaña de marketing. Y así se venden y se consumen, bajo lemas engañosos o quizás, incompletos.

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Saber fehacientemente qué se come no solo tiene impacto directo en el bolsillo, sino también en la salud.

El estadounidense Michael Pollan - escritor, periodista, activista y profesor -, publicó en 2009 un manual en el que plantea 64 reglas básicas para saber comer de manera adecuada, como él mismo lo dice, para poder distinguir entre alimento auténtico y comida que simula serlo. Para él, esta no es una tarea sencilla, pues la industria de la comida hace uso de ciertos artilugios no solo de marketing, sino también mecanismos que apuntan a la ignorancia como el léxico que se utiliza para describir la composición que resulta ser por lo menos desconcertante para la mayoría de los consumidores.

Lo interesante de la propuesta de Pollan es la manera de enunciar, casi de forma jocosa, esa lista de reglas, todas y cada una con actual vigencia.

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Aprender a comer. Entre esas normas básicas para aprender a alimentarse, su autor recomienda no comer nada que contenga un ingrediente cuyo nombre no pueda ser pronunciado por un niño, no consumir productos que se publiciten por los medios masivos de comunicación ni aquellos que se llamen igual en distintos idiomas como el Big Mc. Pollan también se refiere al acto de comer en sí, sugiriendo comer siempre sentado, tomarse el mismo tiempo para comer que el que se usó para su elaboración y no ingerir lo que pase por la ventana de un auto. Finalmente, entre sus máximas, hace especial hincapié en la calidad. Él mismo aconseja alimentarse mayormente con frutas y verduras, de ser posible, de cultivo propio, y alejarse de aquellos productos procesados que tienen una larga vida útil, pues la durabilidad no es una condición natural del alimento, sino un beneficio logrado de forma artificial, química. La lista se extiende unas cuantas líneas más, que de forma sencilla, práctica y hasta cómica, enseña a que las personas tomen conciencia sobre lo que comen y los engaños que se encuentran bajo la denominación de "alimento".