Lamentables los incidentes en la Barceloneta de Barcelona. Una ciudad turística, que licita actividades de carácter lúdico en casi todas sus variantes. Y sin embargo, hay algo que parece obvio a simple vista: cualquier metrópilis dedicada al turismo tiene cuatro elementos sin los cuales no puede llamarse metrópolis turística. A saber, turistas, trabajadores para el turismo,empresarios que promocionan opciones lúdicas inaccesibles en los países nativos de los visitantes y nativos residentes en la zona.

De algún modo, el turismo podría verse definido en la función inversa de la inmigración forzada por motivos forzosos. La coexistencia entre individuos de diferentes culturas es posible en términos de convivencia pacífica, pero también en términos de convivencia rugosa. A la vista está. Es en este punto, en el que los empresarios promotores deberían valorar que el servicio depende de los entes que lo ofrecen, como del equilibrio vital de los nativos residentes, que al ver desequilibrado su modo de vida opondrán una resistencia férrea a iniciativas que bien planificadas pudiesen representar benefició mutuo y bienestar global.

La clase turista debe ser informada acerca de ciertas normas de conducta nativas, del mismo modo la clase nativas debe saber acerca de las tendencias naturales de los visitantes comúnmente llamados turistas. A modo de ejemplo, ésta forma de hacer se perfilaría como una fórmula de simbiosis pacífica y mutuamente beneficiosa, pues al igual que los nativos de la zona turística se encuentran incómodos ante comportamientos improcedentes, los mismos turistas no alcanzan a comprender el malestar de los primeros cuando ejercen desenfreno de pleno derecho, según términos estrictamente contractuales de acuerdos procedentes de propuestas de promotores con la etiqueta de todo vale.

Lo dicho, para que Barcelona sea capital turística de un turismo equilibrado, el respeto y la comprensión de las motivaciones que mueven a estos cuatro clanes,(turistas, trabajadores para el turismo, promotores y nativos) sin los que el turismo no podría existir, han de moverse en el terreno de la excelencia.

Es lícito decir que un 98 por ciento del turismo que visita Barcelona cumple con estos requisitos, motivo por el que tan sólo una mancha no debería ser motivo suficiente para empañar la labor de tantos miles y miles de personas que se mueven en baremos de la excelencia anteriormente mencionada.