Hay mucha gente para la que la hora de irse a la cama supone un mal trago. Para dormir, se entiende, no vayamos a pensar mal (o bien, según el caso). Los conocidos como desórdenes del sueño representan un importante grupo de padecimientos que afectan al ciclo sueño-vigilia y que pueden originar severos desajustes en el funcionamiento del cuerpo humano tanto a niveles físicos como mentales e, incluso, emocionales.

Uno de los trastornos más conocidos es la llamada apnea del sueño. Básicamente, consiste en que la persona que lo padece realiza pausas en su respiración. Estas pausas pueden durar desde algunos segundos a varios minutos. Generalmente, esto suele ocurrir alrededor de 30 veces en una hora y la normalidad suele retornar con un fuerte ronquido o con el sonido que realiza una persona al atragantarse. La apnea es una de las principales causas por las que una persona puede sentirse somnolienta durante el día y con la sensación de no haber disfrutado de un descanso reparador.

Otro trastorno que afecta a un buen dormir es la enuresis. Consiste en la pérdida no voluntaria de orina que se produce durante el sueño. Este es un trastorno que se da, sobre todo, en la infancia. Antes de los 5 ó 6 años se considera a la enuresis nocturna una fase normal del desarrollo infantil. Generalmente, con la llegada de la pubertad suele mejorar de manera espontánea, con una prevalencia de un 1%-3% en la adolescencia. En la edad adulta es muy infrecuente.

Mucho menos habitual es la narcolepsia, trastorno de tipo autoinmune caracterizado principalmente por accesos de sueño irresistibles durante las horas de vigilia. Además de por la somnolencia diurna la narcolepsia se caracteriza también por episodios de cataplejía, consistente en súbitos episodios (breves, por lo general) de pérdida bilateral del tono muscular durante la vigilia. Durante estos episodios, la hipotonía o flacidez muscular hace que la persona pueda caer de manera repentina.

Otro trastorno que, sin ser grave, sí que afecta de forma negativa a la calidad de vida de quién la padece es el síndrome de piernas inquietas que se caracteriza por un impulso incontrolable de moverse y andar cuando se está descansando, esfuerzo que el paciente lleva a cabo para aliviar esas sensaciones. A día de hoy se desconoce la causa de este síndrome y se supone que afecta al 10% de la población mundial.