Muchas personas se han lanzado a montar empresas, como una salida a una situación de desempleo, cosa que es de alabar, pero todas las personas emprendedoras ¿Saben de verdad a lo que se exponen cuando abren una empresa?

Mucho me temo que la necesidad de hacer algo que te dé de comer, a veces nubla la vista y lo que parece fácil no lo es tanto. Lo malo que, muchas veces, los interesados se dan cuenta cuando es demasiado tarde.

Me centraré en el tema de la hostelería que es el que más conozco. Hay gente que cree que montar un bar o restaurante es abrir una puerta a la calle y ya está. Los tiempos en que se ganaba dinero a espuertas con los bares han pasado, ahora si abres un bar y te da de comer te puedes sentir más que satisfecho.

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Pero resulta que los negocios se montan para ganar dinero. Esa es la cuestión. Si quieres ganar dinero deberás pensarlo más despacio, porque no es tan fácil.

Hace tiempo que leí un eslogan que decían que las diferencias venden. Y no hay más verdad que esa. Si abres un restaurante como todos, venderás como todos, o sea, en estos tiempos casi nada. Si quieres vender más que los demás y así asegurarte un camino hacia el éxito, deberías abrir un restaurante diferente a todos los demás.

Siguiendo en la misma línea, hay una idea mal entendida de negocio que intenta acaparar el mayor número de clientes y hacen a pelo y a lana, o sea que lo mismo te dan un desayuno, una tapa, un menú y una carta extensa, hacen banquetes, cumpleaños etc. Yo pienso que para garantizar el éxito hay que especializarse y elegir una cota de mercado.

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En mi pueblo decimos un refrán muchos ajos en el mortero, no los maja el majadero o lo que es lo mismo quién mucho abarca, poco aprieta, y es una buena orientación para averiguar que vale más poco y bueno que mucho y malo. Cuando entro a un restaurante y me presentan una carta con veinticinco primeros y veinticinco segundos me cuestiono el tema de la calidad y me digo ¿Cómo se puede atender esta carta tan extensa y dar calidad al mismo tiempo? Los productos congelados me vienen a la cabeza y, la verdad, para comer productos congelados prefiero quedarme en casa y comerme un huevo frito, que por lo menos está fresco. Por qué ¿Cómo puede atenderse una carta tan extensa con productos frescos sin arruinarse?

Esto nos lleva al tema de la calidad, la tercera gran premisa para triunfar en los negocios. No hay que escatimar en la calidad, aunque tengas que vender más caro. Seguro que tu cota de mercado sabrá entenderlo así y triunfarás. Vale más que un cliente salga de tu establecimiento diciendo qué caro es, pero qué bien he comido que está bien de precio pero esto es una porquería.

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El primer cliente seguro que volverá y cuando quede con amigos los llevará allí para estar seguro de quedar bien con ellos. El segundo en cambio se guardará bien bueno de volver y de recomendar el restaurante a sus amigos.

Otro de los pilares que pueden hacer triunfar un negocio o, por el contrario llevarlo a un enorme descalabro, es la imagen. El primera vista nos puede decir mucho a favor o en contra, así que cuidando la imagen cuidamos el negocio; pero ha de ser una imagen real, para que lo que encuentre el cliente al traspasar la puerta de tu establecimiento sea precisamente lo que esa imagen le ha trasmitido, nunca algo peor. Cuando me dispongo a comer fuera de casa suelo fijarme en esas pizarras que los establecimientos colocan fuera, como reclamo. Una pizarra limpia, clara, bien escrita, con detalle, dice mucho a favor del establecimiento al que alude; piensa que la pizarra estará como la cocina. Pero una pizarra escrita de cualquier manera, sucia, borrosa, con faltas también dirá mucho en contra de la cocina. Por eso cuando un local me echa para atrás me digo ¡Como la cocina esté como esta pizarra, vamos buenos! O sea para no entrar.

Para terminar no olvidemos el carisma, esa cualidad que nos empuja o no a entrar en un establecimiento de hostelería. Porque no basta con abrir una puerta al público, después de abierta hay que saber tratar a ese público para que cuando se vaya esté dispuesto a regresar a él. No sé si os pasará a vosotros pero cuando entro en un bar el que me empuja o no a hacerlo de nuevo es el que está detrás de la barra, amable, atento, educado, en definitiva con ese carisma tan personal que convierte para ti ese negocio en algo especial y diferente a todo lo que conoces.