Aunque habla en primera persona de la mina, Raquel Balbuena no trabaja en ella. Lleva 4 años movilizando a otras mujeres que viven en carne propia la minería. Son hijas, esposas, madres y hermanas de los pocos empleados del carbón que quedan en el país.

Dispuestas a recuperar la fuente de ingresos familiares, Raquel y otras cientos de compañeras se han organizado en la Asociación Mujeres del carbón de León.

Con tal de hacer visible su reclamo, Raquel no tiene horario. No importa que sea domingo, ni bien entrada la noche. Del otro lado de un ordenador, ella responde a cada una de las preguntas dispuesta a continuar con un pedido que deja de ser personal.

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“Queremos que las térmicas quemen carbón nacional. Que podamos trabajar y vivir en las cuencas. Están trayendo carbón extranjero, desde el musel. Pasan los camiones por nuestros pueblos cargados con carbón de importación mientras los mineros están en casa, no pueden trabajar. Las térmicas no compran carbón nacional. Y después de ir encadenando ERES, finalmente las #Minas cierran, dejando sin trabajo a cientos de trabajadores. A las comarcas sin futuro. Ya que en estas zonas no hay industria, y la poca que había estaba relacionada con la minería, por lo tanto, acaban cerrando”.

En 1990 las minas de España tenían cerca de 45 mil trabajadores en activo, en la actualidad menos de 5 mil. Un tercio de los empleados mineros se dedica a la extracción del carbón.

“Los mayores problemas empezaron en el 2012, cuando el gobierno decide cortar de manera drástica las ayudas a la minería.

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Aunque esa fue la puntilla, los problemas se venían arrastrando de unos años atrás”, asegura Raquel. Ese fue el puntapié inicial para que estas mujeres comenzarán a movilizarse para intentar despertar cierta conciencia ciudadana sobre el trabajo perdido. El esposo de Raquel lleva un año prejubilado, la mina en la que trabajaba ha cerrado y ahora la desmantelan. A los 46 tiene problemas de espalda y de rodillas, de articulaciones en general. Tiene dos discos de la columna desgastados y otras dos hernias discales.

“Todos salen tocados, en mayor o menor medida, de la mina” asegura Raquel, desde León.

El sueldo promedio de un minero ronda los 1.300 euros, aunque como en la mayoría de puestos depende de la categoría y el trabajo que lleve a cabo. Existen empleados que perciben mensualmente unos 900 euros y otros que llegan a los 2 mil euros.

“En las cuencas, hace años, la mina era el sector que más trabajo daba. Cuando comenzó mi marido, era fácil entrar. Pero para trabajar en la mina, vales o no vales.

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Es decir, hay gente que entra y dura unas semanas o unos meses trabajando y se va por qué la mina no es para él, y otros que entran y están allí hasta que se jubilan. Hay veces que les gusta y hay otras que la odian. Ninguno quiere que sus hijos trabajen en la mina, y muchos acaban trabajando. Con la mina se tiene una relación de odio y cariño, difícil de explicar. La mina nos da la vida, y también nos la quita”, sostiene Raquel Balbuena. #Siderurgia #Calidad de vida