Desde el inicio de la crisis económica, el paro, parece haberse hecho crónico en España. Este ocupa, a día de hoy, el primer puesto en cuanto se refiere a las preocupaciones de los españoles. La abundante mano de obra disponible y la incertidumbre del mercado laboral, que no permite al trabajador, rechazar ninguna oferta, hace que la precariedad laboral crezca. Los empresarios se aprovechan de la situación de desamparo de un ejército de casi 5 millones de personas sin trabajo.

La #precariedad laboral es hoy, el pan nuestro de cada día y no parece que las medidas del gobierno puedan hacer nada para combatir este drama. Se dan casos en que trabajadores en nómina a duras penas pueden hacer frente a sus gastos personales, tales como procurarse el sustento y un lugar donde vivir y descansar, vulnerándose así el artículo 35 de nuestra Constitución en el que se reza: “la remuneración salarial debe ser suficiente para satisfacer las necesidades del trabajador y su familia”.

El trabajo es, a día de hoy, el único modo que los españoles tiene de procurarse una vida que se pueda considerar digna. Pero el trabajo escasea y el poco que hay disponible arroja, cada vez más, a un océano de temporalidad e indignidad. A nivel laboral, tristemente, los derechos de los trabajadores y trabajadoras, están retrocediendo. La única vía posible para solucionar el problema pasa por ser capaces de rechazar ofertas de empleo precario sin verse perjudicado en las aspiraciones de vida buena. Es decir, se debe contar con una verdadera libertad económica para poner punto y final a la precariedad que actualmente se haya instalada en el mercado de trabajo.

La propuesta de la #renta básica de ciudadanía es el único modo de conseguir esta libertad. La renta básica consiste en la asignación mensual por parte del Estado de un dinero con el que una persona pueda conseguir un nivel de vida digno: procurarse alimento, ropa de abrigo y un alojamiento. Esta renta básica es concedida a todos los ciudadanos con independencia de si tienen o no trabajo y de otro tipo de subsidios, como el de desempleo. La renta básica es un colchón frente a la explotación y el hambre. Este colchón es en la práctica un umbral mínimo de dignidad a la persona que permite, entre otras muchas cosas, gozar de cierta independencia frente al mercado de trabajo, pudiendo así resistir la tentación, muy extendida hoy, de aceptar el primer empleo que se ofrece, aunque este sea precario. En otras palabras: la renta básica consiste en que el Estado impida que las empresas se aprovechen de las gentes que viven en un estado de necesidad con contratos abusivos y sueldos bajos.

La renta básica, cuenta con importantes detractores. Entre estos, los grandes empresarios. Es una oposición muy fácil de entender, con una renta básica, los magnates perderían la capacidad de explotar a los trabajadores, viéndose obligados a mejorar los sueldos y cortar de cuajo la precariedad de los contratos que se ofrecen a unas personas necesitadas de trabajar a cualquier precio para poner fin a la situación de angustia en la que viven. La renta básica, es, el último paso en la consecución de un verdadero Estado del bienestar: un ingrediente necesario para una auténtica libertad democrática. Es pues, a los economistas, a los que les toca ahora, hacer las cuentas en lugar de contarnos cuentos. #libertad democratica