El Aceite de Palma, también conocido como “Grasa vegetal”, se encuentra inmerso en nuestra vida cotidiana. Podemos verlo en las etiquetas de productos congelados, margarinas, helados, bollería industrial, comidas precocinadas, ganchitos, e incluso salsas. Pero la lista sigue, ya que este tipo de aceite sirve para todo tipo de cosas, tales como cosméticos, cremas, champús, productos de limpieza y biocombustibles. Entonces, ¿cómo algo tan aparentemente versátil para nuestro ritmo de vida actual puede ser a la vez tan perjudicial?

La expansión de la grasa vegetal en Europa, sobre todo en países cercanos al Mediterráneo, está provocando que las grandes multinacionales se decanten por la importación, dejando a un lado cada vez más la producción propia del aceite de oliva.

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Esto coincide también con la tendencia actual a la homogeneización de la dieta mundial y al descenso de la calidad en los #Alimentos, que contienen un exceso de grasas saturadas debido al proceso industrial al que se someten. Convertidos así en alimentos perjudiciales para la #Salud.

Por otro lado, la producción de aceite vegetal tiene un coste muy bajo, porque no requiere un mantenimiento riguroso, lo que atrae a las grandes compañías y  las seduce para incluirlo en la producción de sus productos. La cara B de este tipo de producción es, sin lugar a dudas, el impacto ambiental al que va ligado. Ya no sólo por el uso de pesticidas y fertilizantes que posteriormente el consumidor se llevará a la boca, si no la deforestación y la destrucción de ecosistemas primordiales para la coexistencia humana.

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Pero, ¿qué es lo que realmente se esconde detrás del aceite de palma? Sus plantaciones. La expansión de éstas a través de América del Sur, África y posteriormente en Asia, está provocando la destrucción de sus bosques y selvas, el aumento a niveles exponenciales de las emisiones de CO2 a la atmósfera y el desplazamiento al que se ven sometidos indígenas y pueblos autóctonos que dependen de este ecosistema para sobrevivir.

Otra de las grandes consecuencias del consumo de este tipo de aceite es la progresiva y acelerada pérdida de una de las especies más icónicas y más parecidas a nosotros, el orangután. La industria provoca incendios en grandes reservas naturales localizadas sobre todo en Borneo y Sumatra, y de impensable antigüedad,  para después plantar las palmas que producen el aceite. Estos #Animales, exclusivamente arborícolas, son quemados vivos y aniquilados para capturar a las crías, vendidas a cazadores furtivos, a zoos, como carne, para las industrias peleteras o para ser animales de compañía, muchas veces maltratados. 

Sabiendo todo esto, ¿qué podemos hacer nosotros para frenar esta barbarie? Mirar la etiqueta de los productos que compremos y asegurarnos de que no aparezca escrito en sus ingredientes “grasa vegetal”, “grasa de palma”, “palm oil”, “manteca de palma”, “grasa y aceites vegetales”, “Isopropyl Palmitate” o “Sodium Palmitate”.

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Haciéndolo, mejorarás tu calidad de vida y tu salud, y no estarás colaborando con uno de los mayores genocidios naturales de la actualidad.