Más de 10.000 deportistas; el equipo de Estados Unidos como el más numeroso seguido por la anfitriona, Brasil; más de 500.000 de turistas y más de un 1.500000 de espectadores en directo, se prevé de los rincones donde se organizarán las especialidades deportivas durante las tres semanas de competición. Se suman a los más de 25.000 periodistas, 45.000 voluntarios y 3.200 árbitros son los números del glamour deportivo y su siempre dilatantes cifras.

Más allá de estos números para la estadística deportiva, nos encontramos con los datos de la otra cara de las Olimpiadas. La organización del evento ha dejado al estado brasileño con un déficit de 3200 millones de euros, se estimó el gasto total del evento en 11.000 millones de euros, 6.000 millones más de lo previsto, que dejan a las constructoras involucradas bajo sospecha de corrupción.

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Más de 500.000 funcionarios se han quedado sin la extra de Navidad y durante este año más de 7000 estudiantes han tenido retrasos para cobrar sus becas. Los desatinos no paran ahí, los hospitales han cerrado unidades de urgencia, y se han reservado camas con exclusividad para los Juegos Olímpicos. La construcción de muchas de las infraestructuras y de la Villa olímpica, ha supuesto el desalojo de casi 77.000 personas de sus casas y según Amnistía Internacional el evento ha generado una mayor violencia policial. “En mayo la policía mató a un 135% más de jóvenes”. Un último dato, el 86% de la población está en contra del gobierno interino de Michel Temer.

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