Las últimas encuestas, que favorecerían la salida de Reino Unido de la UE, han activado las alarmas de las principales instituciones europeas que, a pesar de seguir confiando en la permanencia de Reino Unido, no pueden ignorar plantear otras posibilidades. Entre estos informes destaca el publicado por Goldman Sachs, que confirma los miedos al Brexit, cuando hasta hace tan solo quince días las opiniones favorecían la permanencia.

La cita de los representantes europeos, que tendrá lugar independientemente del resultado del 23J, abordará el nuevo estatus del país en la unión, si la opción de quedarse pesa, de acuerdo con lo acordado  con el ejecutivo británico en febrero; o el mucho más temido escenario de preparar la salida de Reino Unido de la Unión, que por las dificultades que plantea, podría dilatarse varios años hasta hacerse realmente efectiva.

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Además de la cita que tendrán el presidente de la Comisión, del Consejo Europeo, del Parlamento y de la UE, Jean-Claude Juncker, Donald Tusk, Martin Schulz y Mark Rutte, respectivamente; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y su equivalente en Inglaterra, Mark Carney, también se reunirán en caso de que los peores pronósticos se hagan realidad. Draghi y Carney tendrían la responsabilidad de proporcionar a la Unión y a Reino Unido la protección financiera necesaria para evitar el colapso de los bancos y una posible #Crisis económica, en un momento en el que Europa aún intenta recuperarse de la sufrida años atrás.

Esta es una de las cuestiones que más preocupan en suelo europeo, ya que la salida de la segunda mayor economía del continente tendrá efectos devastadores sobre la economía de la eurozona y amenaza con provocar un efecto en cadena  que se contagiaría por los países del este de Europa, donde las posiciones euroescépticas no hacen más que avanzar.

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Si finalmente Reino Unido decide abandonar el club de los 28, los presidentes de las principales instituciones europeas tomarán una posición conjunta, que seguirá a la declaración oficial del resultado del #Referéndum por parte del primer ministro británico.

Ante esta situación, cada vez más apremiante, el ejecutivo británico, de la mano del ministro de finanzas, George Osborne, ha vuelto a sacar a coalición los argumentos económicos para frenar el avance del Brexit. En esta ocasión, Osborne ha asegurado que la salida de Reino Unido obligaría a aumentar los impuestos y reducir las prestaciones sociales tales como educación y sanidad, ya que la salida supondría un déficit presupuestario de más de 38.000 millones de libras al estado. Estos argumentos, principal caballo de batalla al comienzo de las discusiones por la salida o la permanencia, recobran fuerzas ante el indudable escenario de inestabilidad económica en el que se vería sumido Reino Unido en caso de abandonar la UE. El anuncio no ha gustado a todos en las filas conservadoras y ha recibido la oposición de 57 diputados del partido, que aseguran que votarán para frenar la implantación de estas duras medidas.

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A estos 57 diputados se unirían los del partido laborista, que no están dispuestos a apoyar más recortes en el país y ponen de relevancia las dificultades que tendrá el actual ejecutivo para mantener el liderazgo si el Brexit finalmente se impone, lo que siembra las semillas para unas próximas elecciones en suelo británico.

Pero, sin duda, lo más sorprendente de esta situación es que a pesar de los fuertes argumentos que favorecen la permanencia de Reino Unido, los mucho menos convincentes mensajes de los que prefieren abandonar se han impuesto y han logrado ganar adeptos, poniendo a toda Europa y al gobierno de Reino Unido en una situación impensable hace tan solo unos meses. El ejecutivo ha perdido la oportunidad de ganar una batalla decisiva para su credibilidad y legitimidad en el país, y puede que ese precio lo pague toda Europa en conjunto. #Unión Europea