Revisando la lectura de la célebre obra generacional Chavs (capitán Swing 2013, castellano) del joven autor Owen Jones, comentarista y ensayista inglés, se hace necesario en este proceso ya preelectoral, poner sobre la mesa la problemática de la demonización de la clase trabajadora y la pauperización de la clase media.

La clase trabajadora se ha definido por aquella que recibe un salario por vender su fuerza de trabajo, no posee el medio de producción y no tiene propiedades, ni influencias políticas. Responde así a la tradicional definición de Marx y Max Weber. En España hablaríamos que 16 millones de población activa somos asalariados  y por tanto conscientes o no de ello, la mayoría de la población sería clase trabajadora desde una definición clásica.

Anuncios
Anuncios

Pero dentro de esta definición, estarían también englobados los algo más, en este momento, de cuatro millones de desempleados de corta y larga duración, más un cúmulo de población marginal que no sale en las estadísticas.

Principalmente a partir del desarrollo de la clase media en Europa, en las décadas desarrollistas de los 60 en el continente, la definición de clase trabajadora comienza a diluirse dentro de un nuevo término “Clase media”, una clase establecida y con capacidad de consumo producido por la estabilidad del empleo. Se diferenciaría al principio de la clase trabajadora por el nivel cultural, pero durante esas dos décadas (1960-70) donde se consolidó la clase media, la clase trabajadora fue evolucionado a la par de ella. Esta clase nodriza, comenzó a asumir trabajadores, obreros técnicos, funcionarios,  “autónomos”, trabajadores independientes… profesionales cualificados, incluso empresarios sin asalariados, para unificar al menos el término.

Anuncios

En la década de 1980 la economía se desarrolla hacia otra vertiente, alejada del baremo de producción y consumo, para dejar paso al movimiento de las finanzas, que se convirtieron en productos en sí. Es decir el dinero se convierte en un producto y la economía (neoliberal) comienza a campar a sus anchas, haciendo que el papel soberano de los estados vaya perdiendo peso. El movimiento de capital se liberaliza, y el campo de batalla deja de ser la producción, distribución y el consumo, por la especulación, sin control, de los valores en bolsa.

Este punto se podría desarrollar y entrar en detalles, pero a groso modo, para tener una visión general, la #Crisis de las subprime, causa del descarrilamiento de nuestro sistema durante estos años, tendría su génesis en esa década.

Sobre el desarrollo de esta coyuntura, apuntalada en los 90, se llegó a los años 2000. La desigualdad social en este último periodo creada por la crisis del 2008, ha generado una inestabilidad sin igual que ha atacado directamente a las clases más desfavorecidas, pero también a las clases medias llevándolas a un proceso de proletarización, es decir de erosión de paso de un escalón a otro más bajo, dejando a esa clase trabajadora completamente desfigurada, y más importante aún, neutralizada desde el discurso de la clase dominante.

Anuncios

La publicidad, los medios de comunicación, incluso la política, parece haber olvidado a esa clase trabajadora, que no se la identifica. Sí a la clase media, que al mismo tiempo se va difuminando por culpa de la desigualdad. Los excluidos del sistema parecen no tener solución y como identifica Ower Jones,el consenso actual solo gira en torno a escapar de la clase trabajadora. Los discursos de los políticos están salpicados de promesas para ampliar la clase media. La «aspiración» se ha redefinido hasta significar enriquecimiento personal: trepar por la escala social y convertirse en clase media. Problemas sociales como la pobreza y el desempleo en otro tiempo eran considerados injusticias derivadas de fallos internos del capitalismo que, como mínimo, debían abordarse. Pero hoy se han empezado a considerar consecuencias del comportamiento personal, de defectos individuales e incluso de una elección.  

Parece apuntarnos que la desaparición de un término y una clase social, es la consecuencia de una deriva hacia abajo, no hacia arriba de la evolución social. Las desigualdades generadas por el sistema han llevado a la exclusión de una parte de la sociedad que antes considerábamos recién llegados al estado de bienestar, y tras la imposibilidad actual de poder solventar los problemas del desempleo se decide por la exclusión y el olvido.