Francisco Herreros es doctor en Ciencia política y sociología. Científico titular por el CSIC. Nos responde a algunas de las preguntas sobre la deriva de las clases trabajadores y medias, y su valor en las próximas #Elecciones del 20D. En primer lugar las definiciones…

¿Por qué en la actualidad se utiliza más el término clase media que clase obrera?

Podría ser porque la clase media adquirió a partir del período de entreguerras un peso mayor en la estructura de clases hasta superar el tamaño de la clase obrera tradicional. A partir de los 50, en todos los países desarrollados se ha producido un aumento creciente del nivel educativo que ha permitido un gran incremento de la clase media, que se podría definir como aquellos, que por su nivel de cualificación, ocupan una posición, como diría E.

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O. Wright, contradictoria en la estructura de clases: no son propietarios de los medios de producción pero sus cualificaciones les permiten acceder a oportunidades vetadas para individuos con menor educación. La clase obrera tradicional, los obreros no cualificados, han visto cómo su peso disminuía. La importancia de la clase media con respecto a la clase obrera creo que obedece al peso cambiante de una y otra en la estructura de clases. Este peso de la clase media ha tenido sus consecuencias sobre el voto. La clase media, por así decirlo, incluye a los votantes pivotes, los que son decisivos para ganar las elecciones, y por ello su peso es mayor. La clase obrera tradicional (me refiero a los asalariados no cualificados) sigue siendo bastante fiel a los antiguos partidos socialistas y socialdemócratas, pero su peso es reducido.

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Una razón adicional podría ser que se trata de una clase crecientemente segmentada, por la aparición de lo que Guy Standing denomina el precariado. Esa clase emergente no tiene una identidad ocupacional, y, probablemente como consecuencia de ello, apenas conciencia de sí misma.

¿Existe la clase obrera?

Sí, claro que existe la clase obrera. Definas como la definas, sigue siendo una parte importante de la estructura de clases. La puedes definir en base al nivel educativo, como se hace frecuentemente en los análisis sociológicos: aquellos con nivel educativo bajo. O bien, siguiendo las tradiciones marxista y weberiana, como aquellos que no poseen medios de producción y tienen baja cualificación, lo que les coloca en una posición subordinada en la estructura productiva. Es decir, que ocupan una posición subordinada tanto porque están explotados como porque están dominados. La clase sigue importando: la clase que ocupas determina en buena media tus logros educativos, y estos a su vez, tus ingresos esperados.

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La clase influye en actitudes como la confianza en las instituciones, en la política, la confianza interpersonal, el capital social... en el voto.

¿Hay una intención de desfigurar a la sociedad y eliminar una clase social, comenzando con el nombre?

Es la tesis, entre otros, de Owen Jones. Puede ser, pero hay que tener en cuenta que las tendencias, digamos, “demofóbicas” siempre han estado ahí. Si lees La condición de la clase obrera en Inglaterra de Engels, verás unas cuantos ejemplos de desprecio hacia la clase obrera por parte de las élites. Ahora quizá es más fácil, porque la clase obrera es menos importante electoralmente, ya no es aquella fuerza que constituía la base de poderosos partidos socialdemócratas. Sus preferencias están fuera de la agenda política porque no son la clave para ganar las elecciones. Hay que tener en cuenta, por otro lado, que la clase media tampoco es lo que era. Desde la década de 1970, los trabajos asociados a la clase media son cada vez más inseguros, y la Crisis en la que aún estamos sumidos ha introducido la precarización entre las filas de la clase media. Igual en el futuro se cumple la predicción de Marx de una creciente polarización social en la que la clase obrera (distinta en todo caso a la de los años dorados de la socialdemocracia) vuelva a ser una fuerza social importante.