El esfuerzo y la imaginación siempre serán los motores de un economía que reparta bienestar.

Amancio Ortega está de nuevo en las portadas de los medios con motivo de la famosa lista Forbes, en la que se incluyen las mayores fortunas del planeta, y de la cual es ya un asiduo representante en sus puestos de cabeza. A mi modesto entender carece de importancia el hecho de estar en primer lugar o en un puesto más bajo, lo que considero importante es que un señor de orígenes modestos haya sido capaz de crear un entramado empresarial a escala mundial partiendo desde cero.

Nacido en Busgondo, provincia de León en el año 1936, comenzó a los catorce años a trabajar en el sector textil, como empleado en tiendas de ropa, corría el año 1950 y trece años después crea su primera empresa: Confecciones GOA, dedicada a la confección de albornoces.

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En 1988 ya había conseguido internacionalizar su negocio, con la apertura en Portugal de su marca más famosa: Zara (que en un principio quiso llamar Zorba, pero el nombre ya estaba registrado). El resto es sobradamente conocido para la sociedad española, un holding empresarial que da empleo a miles de personas y que ha situado a España entre los grandes en el sector de la moda.

No es mi intención hacer un relato de la historia de Amancio Ortega, sino remarcar la importancia que tiene la iniciativa privada para que la economía de una sociedad sea dinámica y productora de riquezas. En estos tiempos que corren y al amparo de una recesión global que desde el año 2008 ha empobrecido a la población y golpeado con fuerza el estado del bienestar, se han multiplicado los partidos políticos de extrema izquierda y los movimientos asamblearios que abogan por una economía dirigida desde un estado marxista, el Muro de Berlín se derrumbó en 1989 y muchos de los que no lo padecieron quieren volver a levantarlo.

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Amancio Ortega no hubiese podido levantar Inditex en un país de economía socialista, hubiese acabado siendo un funcionario del régimen y esos miles de puestos de #Trabajo y la riqueza generada por ellos no habrían pagado impuestos para redistribuir la riqueza. El Estado debe de organizar a la sociedad y proveer de medios a los que carecen de ellos, para que la justicia social sea una realidad, pero dirigir a sus habitantes siguiendo unas pautas marcadas por ideólogos siempre desemboca en dictadura.

La igualdad social consiste en la igualdad de oportunidades y en la prestación de servicios de carácter público, como la sanidad y la educación, pero una sociedad que no incentive a los #Emprendedores siempre estará abocada al fracaso. Como ejemplo esclarecedor de los desastres de la gestión pública en la economía pongo a las Cajas de Ahorro españolas: acabaron gestionadas por políticos clientelistas que las hundieron para pasarnos la cuenta después, es lo que suele ocurrir cuando se dejan las #Empresas en manos estatales.

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Que no les quepa duda: si Amancio Ortega hubiese dirigido esas mismas cajas, ahora no tendríamos que estar pagando su rescate con fondos públicos.