Enrique Redondo Miranda no es fotógrafo. Se dedica a asesorar profesionalmente a nuevos empresarios, a darles el impulso que necesitan para atreverse a dar ese paso que les lleve a empoderarse, a emprender, a generar su propio empleo en estas olas de #Crisis. Cuando termina su trabajo y abandona la oficina, Enrique Redondo coge su cámara de fotos y junto a su mujer se dedica a recorrer pedacitos del mundo.

Tras uno de esos viajes, adentrándose en su propia memoria sensitiva, revisando sus fotografías, se percató de que muchas de ellas correspondían a gente trabajando, a personas de muy diferentes lugares del mundo agarrándose a aquello que habían aprendido a hacer para conseguir sobrevivir: la necesidad del trabajo y la exigencia de reinventarse.

‘El trabajo en la piel de la humanidad’ es el título que ha dado a la exposición resultante de estas fotografías, que pueden verse estos meses por las Islas Canarias.

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“Son una muestra de diversos ejemplos de cómo nos ganamos la vida en diferentes puntos del planeta”, explica el autor. “El trabajo y todos los matices que han ido regulando sus manifestaciones en las diferentes culturas demuestran que el ser humano es capaz de adaptarse a la idiosincrasia de cada contexto, que condicionantes como la situación política y económica de un país, la cultura, la religión, la posición social o las simples costumbres son más que suficientes para que la naturaleza humana siga su curso, encontrando respuesta en los oficios a sus primarias necesidades”, sostiene.

“Me percaté de que en algunos de mis viajes había inmortalizado situaciones laborales antagónicas de personas anónimas que me cautivaron de manera casual, sin alguna intención preconcebida. Personas que tienen como común denominador trabajar a la intemperie”, apunta.

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Así, Redondo señala que en estas fotografías se puede comprobar como resultan muy dispares “las regulaciones sanitarias, las condiciones laborales, la precariedad”.

Con estas imágenes, el autor ha querido incitar a la reflexión acerca de “las condiciones, la dignidad o las desigualdades laborales existentes entre diferentes culturas”. “El trabajo no deja de ser un reflejo del ser humano y sus circunstancias, un espejo en el que reflexionar sobre la influencia que un entorno tiene en sus habitantes”, apostilla.

Tras sus viajes, Redondo ha llegado a la conclusión de que en materia de derechos laborales, España está “muy avanzada” cuando se compara con países como la India o Cuba, “aunque sin ser la panacea”. “En el país que más aluciné fue en la India porque hacen la vida prácticamente en la calle; se ponen cuatro tablas y trabajan, como el dentista”, destaca. Hace referencia a una fotografía en la que se ve a un dentista trabajando en la calle.

“Trabajos que se han mantenido como la pesca en Noruega o la situación de Turquía”, detalla.

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“La técnica ahorra mucho trabajo, pero otras veces lo tradicional logra que el trabajo se mantenga como herencia cultural”, añade. “En la India por ejemplo vi a gente haciendo manualmente escobas y seguramente si se metiese una maquinaria no creo que lo vieran igual”, sostiene. Casos que, sin embargo, a veces desembocan en explotación laboral, un asunto del que el autor ha preferido desligarse y actuar únicamente como observador de la realidad. “En la India sí vi muchos telares de personas que trabajaban para Natura o el Corte Inglés, pero no era lo que yo quería transmitir, sino que cada uno vea si es bueno o no, que cada cual piense”, agrega.